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Trump libra contra Irán una guerra de instintos que no da resultados

El enfoque impulsivo del presidente estadounidense hacia Teherán, marcado por sanciones y amenazas sin una estrategia clara, muestra signos de agotamiento según analistas internacionales.

Publicado el 13 de julio de 2026, 09:35 hs

El presidente Donald Trump encara su relación con Irán como una pulseada personal más que como una política exterior coherente. Desde su regreso a la Casa Blanca, las decisiones sobre Teherán se basan en corazonadas, tuits y presiones económicas que, según varios analistas, están lejos de lograr los objetivos declarados.

La BBC publicó un análisis en el que califica esta aproximación como "una guerra basada en el instinto" y concluye que, hasta ahora, no está funcionando. Las sanciones máximas impuestas en su primer mandato se mantuvieron y se endurecieron, pero el programa nuclear iraní no se detuvo. Por el contrario, Teherán aceleró el enriquecimiento de uranio y redujo su cooperación con los inspectores internacionales.

"Trump cree que con presión pura se quiebra cualquier régimen", resumió un exfuncionario del Departamento de Estado consultado por este diario. "El problema es que Irán ya demostró que puede resistir años de sanciones sin ceder en sus líneas rojas estratégicas".

Desde el asesinato del general Qasem Soleimani en 2020, que Trump ordenó en Bagdad, la tensión no bajó. Aunque el actual mandatario evita por ahora una confrontación militar directa, sus declaraciones oscilan entre "Irán nunca va a tener armas nucleares" y promesas de que "habrá un acuerdo mucho mejor que el de Obama".

El instinto trumpista choca con la realidad de un Irán que, lejos de aislarse, fortaleció sus lazos con Rusia y China. Moscú recibe drones iraníes para su guerra en Ucrania, y Pekín se convirtió en el principal comprador de crudo persa a pesar de las sanciones secundarias que Washington amenaza con aplicar.

En el plano interno estadounidense, el enfoque tampoco genera consenso. Republicanos duros celebran la dureza, pero sectores del establishment diplomático advierten que sin una estrategia de salida, solo se logra un Irán más envalentonado y menos predecible.

"No hay plan B", admitió en off un diplomático europeo que sigue de cerca las conversaciones indirectas que se intentan en Omán y Qatar. "Trump confía en que la sola amenaza de fuerza va a doblegar a los ayatolás, pero la historia reciente muestra que eso no ocurrió ni en 2018 ni en 2025".

Mientras tanto, la economía iraní sigue sufriendo. La inflación supera el 40%, la moneda local se devalúa y la población enfrenta escasez de medicamentos y combustible. Sin embargo, el régimen ha logrado mantener el control interno y usar la presión externa para justificar su represión y su programa nuclear.

Expertos consultados coinciden en que una escalada militar directa sería catastrófica para la región y para los intereses estadounidenses. Pero la política actual de "máxima presión sin negociación real" tampoco parece estar produciendo los resultados que Trump prometió.

Hasta ahora, el instinto del presidente no logró ni derribar al régimen ni obligarlo a firmar el "mejor acuerdo de la historia". Irán, por su parte, sigue avanzando hacia el umbral nuclear mientras espera que el reloj político en Washington juegue a su favor.

La pregunta que queda abierta es si Trump, ante el fracaso relativo de su instinto, optará por una verdadera negociación o si redoblará la apuesta con medidas aún más agresivas. Por ahora, la BBC y varios think tanks coinciden: el método no está funcionando.

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