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Trump e Infantino: la alianza política detrás del Mundial 2026 y la ONU

La relación entre Donald Trump y Gianni Infantino trasciende el fútbol. Cómo la organización del Mundial y los apoyos en Naciones Unidas revelan un entendimiento estratégico que ya impacta en la geopolítica global y en los intereses argentinos.

Publicado el 28 de julio de 2026, 01:40 hs

Donald Trump y Gianni Infantino estrechando manos en un evento oficial

Vamos por partes, porque esto viene de lejos. Cuando en 2018 la FIFA, bajo la presidencia de Gianni Infantino, eligió a Estados Unidos, México y Canadá como sedes del Mundial 2026, pocos advirtieron que esa decisión contenía un ingrediente político que ahora, en 2026, se vuelve evidente.

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca no fue un dato menor para el suizo-italiano que dirige el fútbol mundial. Ambos se reconocen mutuamente como piezas útiles en un tablero más grande. Trump necesitaba una victoria simbólica que proyectara “grandeza americana” en un año electoral; Infantino, por su parte, requería garantías de que el megaevento no se viera entorpecido por litigios, regulaciones laborales o presiones migratorias.

La alianza se consolidó en encuentros discretos y en algunos muy públicos. Infantino fue uno de los pocos dirigentes deportivos que mantuvo un canal abierto y fluido con Trump incluso durante los años de Biden. A cambio, el expresidente —y ahora nuevamente presidente— le ofreció respaldo explícito en foros internacionales donde la FIFA suele recibir críticas por temas de derechos humanos, corrupción y gobernanza.

Pero el vínculo va más allá del fútbol. Fuentes diplomáticas consultadas por Última Hora Diario indican que Infantino ha jugado un papel de facilitador discreto en algunos debates dentro de Naciones Unidas. Países africanos y de Centroamérica, donde la FIFA tiene enorme influencia a través de sus programas de desarrollo, han moderado posiciones críticas hacia Estados Unidos en votaciones clave a cambio de mayor apoyo en infraestructura deportiva y promesas de inversión.

“Es realismo puro”, dice un diplomático latinoamericano que prefiere no ser identificado. “Infantino entrega votos blandos en la Asamblea General y Trump le devuelve estabilidad regulatoria y visibilidad política al Mundial”.

Desde la perspectiva argentina, el asunto no es anecdótico. La Selección Nacional será una de las principales atracciones del torneo. Sin embargo, la AFA y el gobierno nacional miran con cautela cómo se configura el poder dentro de la Conmebol y la FIFA. El eje Trump-Infantino fortalece la influencia de las federaciones de Norteamérica y reduce el peso relativo de Sudamérica en las decisiones estructurales de la entidad.

Además, el Mundial 2026 llega en un momento de fuerte presión económica para Argentina. El flujo de turistas, los derechos de televisión y los patrocinios dependen en buena medida de las reglas de visado y de las condiciones que imponga la administración Trump. Cualquier endurecimiento migratorio o medida proteccionista puede reducir el impacto económico que el país espera del evento.

Conviene no confundir el ruido con la señal. Los abrazos, las fotos y los discursos sobre “el fútbol que une” esconden un cálculo frío: Trump utiliza el mayor evento deportivo del planeta para reforzar su narrativa de América Primero, mientras Infantino consolida su poder personal y blinda a la FIFA de investigaciones y sanciones que podrían llegar desde el Congreso estadounidense o desde agencias de control.

La ONU es el segundo escenario de esta alianza. Infantino ha impulsado la inclusión del deporte en la agenda de desarrollo sostenible de la organización. Detrás de esa agenda aparentemente inocua hay una estrategia: convertir a la FIFA en actor geopolítico relevante, con capacidad de influir en votaciones y en la percepción de gobiernos en el Sur Global. Trump, pragmático, entiende que un aliado con esa capacidad de movilización puede ser útil cuando se necesita contrarrestar resoluciones sobre cambio climático, migraciones o derechos humanos.

Anoto la previsión para corregirme si me equivoco: hacia 2027, cuando termine el Mundial y se acerquen las elecciones en la FIFA, esta relación habrá dejado a Infantino en una posición de fuerza inusual. Para Argentina, el desafío será negociar con realismo sus intereses deportivos y económicos dentro de un tablero donde el eje Washington-Zúrich pesa cada vez más.

El mapa, como siempre, explica más que el discurso. Y en este caso el mapa muestra un Mundial que ya no es solo un festival de fútbol, sino una herramienta de poder blando en un mundo que vuelve a organizarse por esferas de influencia.

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