Crisis en Ormuz: Japón compra un millón de barriles de petróleo a México
La tensión en el estrecho de Ormuz obligó a Japón a diversificar sus compras de crudo y cerró un acuerdo por un millón de barriles con México. El movimiento revela cómo un conflicto lejano altera rutas energéticas globales y termina impactando en mercados emergentes.
El estrecho de Ormuz tiene apenas 33 kilómetros en su punto más angosto y por allí pasa cerca del 20% del petróleo que se comercializa en el mundo. Esa franja de agua, entre Irán y Omán, se convirtió en las últimas semanas en el foco de una escalada de tensiones que incluye amenazas de bloqueo, maniobras navales y ataques a buques de bandera neutral. El riesgo de que el flujo se interrumpa, aunque sea parcialmente, fue suficiente para que Tokio activara su plan de contingencia.
Según confirmó la agencia japonesa de recursos energéticos, el gobierno autorizó la compra directa de un millón de barriles de crudo mexicano de la variedad Maya, de Pemex, que serán entregados en los próximos 45 días. La operación se cerró a un precio que, aunque no fue divulgado oficialmente, ronda los 68 dólares por barril, con flete incluido vía el Pacífico.
Vamos por partes, porque esto viene de lejos. Japón importa alrededor del 90% de su petróleo y tradicionalmente más del 80% de ese volumen proviene de Medio Oriente. Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Kuwait son sus proveedores históricos. Sin embargo, cada vez que la temperatura sube en Ormuz, Tokio recuerda la lección de 1973 y busca alternativas en el Pacífico. México aparece como una de las pocas opciones viables: producción estable, calidad adecuada para las refinerías japonesas y, sobre todo, una ruta que evita completamente el estrecho conflictivo.
La decisión no es menor. Un millón de barriles representa poco más del 2% del consumo diario japonés, pero marca un precedente. Fuentes de la industria consultadas por agencias internacionales indicaron que Tokio evalúa repetir compras a México, Brasil y eventualmente Colombia si la crisis se prolonga más allá de septiembre. El mensaje implícito es claro: la diversificación ya no es una opción teórica, es una necesidad operativa.
Y acá es donde la cosa nos toca a nosotros. Argentina observa este movimiento con atención porque, aunque no exporta petróleo crudo en volúmenes comparables, sí compite en el mercado global de energía y commodities. El encarecimiento del flete de crudo por el rodeo que deben hacer los buques que evitan Ormuz ya se traslada a los precios internos de combustibles en varios países de la región. Además, si Japón consolida proveedores latinoamericanos, podría generar un efecto de desplazamiento en los mercados de Asia que indirectamente afecta las exportaciones argentinas de biodiesel y granos, que compiten por los mismos buques y rutas.
Conviene no confundir el ruido con la señal. La compra mexicana no resuelve la crisis en Ormuz ni cambia el balance de poder en el Golfo. Pero sí revela una tendencia estructural: las potencias importadoras asiáticas están dispuestas a pagar primas por seguridad logística. Eso eleva el valor relativo de productores como México, Guyana o Brasil, y deja a los países que dependen exclusivamente del Atlántico o del Pacífico sur en una posición más frágil.
Desde la perspectiva de capacidades, México gana oxígeno financiero en un año complicado para Pemex. Japón, por su parte, evita depender exclusivamente de sus reservas estratégicas, que solo alcanzan para 90 días de consumo. Irán, que ha amenazado con cerrar el estrecho, ve cómo sus clientes tradicionales comienzan a buscar otros proveedores, lo que debilita su principal carta de presión.
Anoto la previsión para corregirme si me equivoco: si las tensiones en Ormuz se mantienen hasta fin de año, es probable que Japón incremente sus compras a América Latina en al menos un 15% respecto a 2025. Eso no cambiará el mapa geopolítico, pero sí redistribuirá algunos flujos comerciales que terminan, con retraso, influyendo en los precios que paga el consumidor argentino en la estación de servicio o en la góndola.
La crisis en el Golfo Pérsico, como tantas otras, vuelve a demostrar que un conflicto localizado puede alterar variables que parecen lejanas. El millón de barriles que Japón le compró a México es solo el síntoma visible de una cadena mucho más larga, que empieza en un estrecho angosto y termina, meses después, en la factura de luz o en el precio del gasoil en cualquier provincia argentina.