Tres robos en cinco días: la angustia de un club infantil de Rosario que atiende a 300 chicos por semana
El club Valencia, en la zona oeste de Rosario, fue violentado en tres oportunidades entre el viernes y el martes. Los ladrones se llevaron pelotas, garrafas, camisetas y hasta rompieron trofeos. Los dirigentes lamentan el daño y el gasto extra que deben afrontar.
El club infantil Valencia, ubicado en las inmediaciones de Juan Díaz de Solís y bulevar Seguí, en la zona oeste de Rosario, vive días de constante zozobra. En apenas cinco días sufrió tres robos consecutivos que dejaron la institución prácticamente desmantelada y con un daño material que supera lo económico.
Según relató Alejandro, uno de los dirigentes, los hechos ocurrieron de viernes para sábado, de domingo para lunes y de lunes para martes. “Ayer terminamos de poner la puerta a la medianoche y esta mañana ya estaba violentada de nuevo”, contó a Radio 2. En cada uno de los escruches se llevaron pelotas de fútbol, garrafas, un anafe, camisetas, gaseosas, golosinas y elementos de trabajo. En el último, además, destrozaron trofeos que estaban guardados en el bufé.
El club recibe casi 300 chicos por semana. La mayoría son de familias humildes del barrio y alrededores que encuentran en la institución un espacio de contención y deporte. “Es un desastre. Más el gasto que tenemos que hacer después de esto”, lamentó el directivo. Cada robo implica reparaciones, compra de materiales y reposición de lo sustraído, recursos que el club infantil no tiene de sobra.
“Se ve que acá nadie ve ni escucha nada”, señaló Alejandro con resignación. La impunidad con la que actúan los delincuentes genera bronca y desazón entre los vecinos y los responsables del club. Rompen puertas, revientan marcos y se llevan lo que encuentran, sin que nadie intervenga.
Este tipo de situaciones no son aisladas en Rosario. Barrios enteros de la zona oeste y sur vienen denunciando un aumento de los robos a instituciones deportivas, escuelas y comedores. En muchos casos, los elementos robados terminan vendidos en ferias informales o directamente usados para subsistir en un contexto de fuerte crisis económica.
Desde el club Valencia ya realizaron la denuncia penal correspondiente, pero los dirigentes saben que la causa avanzará con lentitud. Mientras tanto, siguen juntando dinero para reponer lo perdido y reforzar las instalaciones. “Acá vienen casi 300 chicos por semana. No podemos cerrar”, insistió Alejandro.
El caso vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de los espacios comunitarios en los barrios más golpeados. Clubes de barrio como Valencia no solo enseñan a patear una pelota: ofrecen un lugar donde los pibes están cuidados, lejos de la calle y de riesgos mayores. Cada robo les quita un pedazo de ese refugio.
Hasta el momento no hay detenidos por estos hechos. La policía local tomó conocimiento de los tres robos, pero desde la institución piden mayor presencia y patrullaje en la zona. Mientras tanto, los trofeos rotos y la puerta violentada otra vez son la postal de un club que, pese a todo, sigue intentando abrir sus puertas para los 300 chicos que lo necesitan.