Tensión en Medio Oriente: por qué vienen tiempos difíciles para la economía mundial
El conflicto en Medio Oriente genera incertidumbre que ya impacta en los precios del petróleo, las cadenas de suministro y los mercados globales. Economistas advierten sobre una posible escalada que complicaría la recuperación post-pandemia.
La escalada de tensiones en Medio Oriente, especialmente tras los recientes enfrentamientos entre Israel, Irán y sus aliados, está generando una ola de preocupación en los despachos económicos de todo el mundo. “Vienen tiempos difíciles”, sintetizó un alto funcionario de la OPEP citado por France 24, y el mercado ya lo está sintiendo.
El precio del petróleo Brent superó los 78 dólares por barril en las últimas ruedas, impulsado por el temor a una disrupción en el estrecho de Ormuz, por donde pasa casi el 20% del crudo mundial. En la Argentina, donde el precio de los combustibles ya venía tensionado por la devaluación y los ajustes tarifarios, cualquier shock adicional se traslada rápido a la inflación y al costo logístico.
Los analistas de JP Morgan y Goldman Sachs coinciden en que una guerra prolongada podría restarle entre 0,5 y 1 punto porcentual al crecimiento global del 2026. El canal de Suez y las rutas del Mar Rojo ya sufren ataques de los hutíes, lo que obligó a varias navieras a dar la vuelta por el Cabo de Buena Esperanza, encareciendo el flete en hasta un 30%.
En nuestro país, el impacto se sentiría en dos frentes principales. Por un lado, el encarecimiento de la energía y los fertilizantes golpearía al campo, que este año vuelve a ser la principal fuente de dólares. Por otro, una eventual suba de las tasas de interés de la Fed para contener una inflación importada complicaría aún más el acceso al financiamiento externo que el Gobierno busca desesperadamente.
Desde el FMI ya advirtieron que el “riesgo geopolítico” es uno de los principales nubarrones para la economía mundial. En un escenario base, el organismo proyecta un crecimiento global del 3,2% para 2026; en un escenario de conflicto abierto, esa cifra podría caer por debajo del 2,5%.
Los mercados emergentes son los más vulnerables. Turquía, Egipto y varios países africanos que dependen del trigo ucraniano y ruso ya sufren las consecuencias indirectas. En América Latina, Brasil y México, grandes exportadores de commodities, también sienten la presión.
En la Argentina, el ministro de Economía ya mantiene reuniones de seguimiento diario con la secretaría de Energía y con los principales exportadores de granos. Fuentes del Palacio de Hacienda admiten en off que un petróleo por encima de los 85 dólares cambiaría todas las proyecciones fiscales para el año que viene.
Mientras tanto, en las principales bolsas del mundo se observa una rotación hacia activos refugio: oro, dólar, bonos del Tesoro norteamericano y criptos como Bitcoin. El VIX, el “índice del miedo”, volvió a subir con fuerza.
Los tiempos difíciles que se vienen no son solo una frase. Son un combo de inflación energética, disrupción logística y menor crecimiento que ya está obligando a los bancos centrales a repensar sus calendarios de recortes de tasas. Para un país como la Argentina, que recién empieza a estabilizarse, cada shock externo se siente como un golpe en el mentón.
La comunidad internacional observa con preocupación cómo una chispa en Medio Oriente puede convertirse en un incendio que termine pagando, una vez más, el ciudadano de a pie en cualquier rincón del planeta.