Economía

Tensión en Medio Oriente impulsa la soja, pero trigo y maíz van por caminos opuestos

El conflicto en Medio Oriente eleva el precio de la soja por temor a disrupciones en el transporte marítimo, mientras el trigo cae por buena oferta global y el maíz se mantiene estable con cosecha récord en Estados Unidos.

Publicado el 11 de julio de 2026, 14:15 hs

La escalada de tensión en Medio Oriente, especialmente tras los recientes intercambios entre Israel e Irán, volvió a mover los precios de los commodities agrícolas. La soja es la que más gana en este contexto, mientras que el trigo y el maíz muestran comportamientos divergentes que responden a factores propios de cada mercado.

Vamos por partes, porque esto viene de lejos. El estrecho de Ormuz, que concentra casi un quinto del petróleo mundial, se ha convertido en el foco de preocupación. Cualquier amenaza a su libre navegación eleva el precio del crudo y, por rebote, los costos logísticos globales. Eso golpea de lleno a la soja, que viaja en buques contenedores y graneleros desde Brasil y Argentina hacia China, el principal comprador.

Según datos del último informe del USDA, la soja estadounidense también se beneficia de esta dinámica. Los fondos de inversión volvieron a posicionarse comprados en Chicago, impulsando los futuros. En el mercado local, la soja disponible en el puerto de Rosario cotizó por encima de los 340 dólares por tonelada, un rebote de casi 30 dólares en las últimas dos semanas.

"Conviene no confundir el ruido con la señal", advierte un operador de granos con años en el mercado. El aumento no responde solo a la geopolítica: también pesa la menor oferta sudamericana por la sequía del ciclo anterior y la fuerte demanda china, que busca recomponer stocks.

El trigo, en cambio, va en dirección opuesta. Los contratos en Chicago cayeron más de un 4% en la última rueda tras el anuncio de que Rusia y Ucrania lograron renovar —aunque sea de forma precaria— el corredor del Mar Negro. Además, la Unión Europea y Australia reportan cosechas abundantes. El resultado es una oferta global que supera la demanda y presiona los precios a la baja. En Argentina, el trigo de la nueva campaña ya se ofrece a valores que preocupan a los productores del norte del país.

El maíz muestra una realidad intermedia. Aunque también se ve afectado por los costos de flete, la perspectiva de una cosecha récord en Estados Unidos —estimada en más de 380 millones de toneladas— actúa como ancla. Los productores argentinos, que ya empezaron a cosechar en algunas zonas del norte, observan precios estables pero sin grandes saltos. El cereal se mantiene como refugio relativo en un contexto de gran volatilidad.

Y acá es donde la cosa nos toca a nosotros. Argentina es el tercer exportador mundial de maíz y soja, y el trigo sigue siendo clave para la balanza comercial. Cada dólar que sube o baja en Chicago se traduce, con pocas semanas de demora, en menos o más divisas que entran al Banco Central. En un año donde el Gobierno necesita acumular reservas para enfrentar los vencimientos de deuda, la soja alta es una buena noticia; el trigo bajo, un dolor de cabeza para el sector y para las economías regionales de Córdoba, Santa Fe y el norte del país.

Los analistas de la Bolsa de Comercio de Rosario estiman que, si la tensión en Medio Oriente se mantiene, la soja podría sostenerse por encima de los 350 dólares la tonelada hasta fin de año. Eso significaría unos 2.000 millones de dólares adicionales en exportaciones, siempre que no haya una escalada que termine cerrando el estrecho.

Anoto la previsión para corregirme después si me equivoco: el trigo seguirá bajo presión bajista mientras no aparezca un problema climático en el hemisferio norte; el maíz se mantendrá lateral, y la soja será la que marque la tendencia alcista mientras el riesgo geopolítico no se disipe.

La lección es clara: en un mundo interconectado, un misil en el Golfo Pérsico puede terminar definiendo cuánto recibe un productor de Oliva, Córdoba, o cuánto paga el consumidor por el aceite en una góndola de Comodoro Rivadavia. La geopolítica, una vez más, aterriza en el precio del pan y en la cuenta corriente del país.

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