Economía

Tres efectos económicos de la guerra en Irán que van más allá del petróleo

Más allá del salto en los precios del crudo, el conflicto en Irán genera disrupciones en cadenas de suministro globales, presiones inflacionarias en economías emergentes y riesgos para el comercio internacional.

Publicado el 10 de julio de 2026, 13:20 hs

El conflicto en Irán no solo dispara el precio del petróleo. Aunque el barril ya superó los 90 dólares en las últimas horas, hay tres efectos económicos de mayor alcance que ya se sienten en distintos rincones del mundo y que, tarde o temprano, van a golpear el bolsillo argentino.

1. Disrupción en el Estrecho de Ormuz y el comercio global

Irán controla el estrecho por donde pasa casi el 20% del petróleo mundial y una parte importante del gas natural licuado. Cualquier bloqueo, aunque sea parcial, multiplica los costos de flete y los tiempos de entrega. Las navieras ya están desviando rutas por el Cabo de Buena Esperanza, lo que agrega entre 10 y 14 días a los viajes desde el Golfo Pérsico hacia Europa y Asia. Ese sobrecosto se traslada a todo: desde fertilizantes hasta componentes electrónicos. Para la Argentina, que importa insumos químicos y fertilizantes, esto puede complicar aún más la campaña agrícola que viene.

2. Presión inflacionaria en economías importadoras de energía

Países como India, Turquía, Egipto y buena parte de América Latina que no producen suficiente petróleo propio ven cómo se encarece no solo el combustible sino también el transporte de mercaderías y la generación eléctrica. Esa inflación importada llega con retardo pero llega. En la Argentina, donde la energía ya representa una porción grande del costo logístico, una suba sostenida del petróleo agrava la brecha entre inflación oficial y la que siente la gente en el supermercado y en la estación de servicio.

3. Volatilidad financiera y fuga hacia activos refugio

Cada vez que hay tensión en Medio Oriente, los inversores corren a comprar dólares, oro y bonos del Tesoro norteamericano. Eso genera una presión adicional sobre las monedas de países emergentes. El peso argentino, que ya navega en aguas turbulentas, siente el golpe: mayor demanda de dólares, mayor brecha con el blue y menos margen para que el Banco Central acumule reservas. Además, los mercados de capitales se ponen nerviosos: suben las tasas de interés globales y se encarece el financiamiento para países que, como el nuestro, necesitan dólares frescos.

Según un informe reciente de la BBC, estos tres canales —logístico, inflacionario y financiero— son los que más preocupan a los analistas porque, a diferencia del precio del petróleo que puede bajar si el conflicto se desinfla, estos efectos tienden a persistir y a retroalimentarse.

En la redacción de Última Hora Diario venimos siguiendo cómo estos movimientos ya empiezan a reflejarse en la cotización del dólar blue y en los precios de los fertilizantes que llegan al puerto de Rosario. No es solo una noticia de Medio Oriente: es una noticia que, en pocos meses, puede aparecer en la boleta de luz, en el precio de los alimentos y en la dificultad para conseguir créditos.

Vamos por partes: el petróleo es el titular, pero los verdaderos efectos colaterales están en la cadena de suministro, en la inflación que no se ve en el INDEC de inmediato y en la corrida hacia los activos seguros que deja a los países periféricos siempre un paso atrás.

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