Sube el petróleo y caen los mercados tras la nueva escalada entre EE.UU. e Irán
La tensión en Medio Oriente volvió a disparar el precio del crudo Brent por encima de los 80 dólares, mientras las bolsas globales cierran en rojo. Vamos por partes: qué pasó, por qué importa y cómo le pega a la Argentina.
Vamos por partes, porque esto viene de lejos. El viernes, luego de que Israel atacara instalaciones nucleares iraníes y Teherán respondiera con misiles contra bases estadounidenses en la región, el precio del petróleo Brent subió más de un 6% y cerró por encima de los 82 dólares el barril. El WTI, referencia para los Estados Unidos, hizo lo propio y rozó los 79. Los mercados financieros, en cambio, se tiñeron de rojo: Wall Street cayó más de 400 puntos, las bolsas europeas perdieron entre 1,5% y 2,2% y el dólar se fortaleció frente a casi todas las monedas emergentes.
Conviene no confundir el ruido con la señal. La escalada no es nueva: viene de la decisión de Trump de abandonar el acuerdo nuclear de 2015, de las sanciones que asfixiaron las exportaciones iraníes de crudo y de la respuesta asimétrica que Teherán viene ensayando desde entonces. Lo que cambió en las últimas horas es la intensidad: por primera vez en mucho tiempo, el choque directo entre activos militares de Israel, Estados Unidos e Irán se dio en territorio iraní. Eso altera el cálculo de riesgo que los traders hacen cada mañana.
El estrecho de Ormuz tiene apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más angosto. Por allí pasa casi el 20% del petróleo que se comercializa en el mundo. Irán ya amenazó con cerrarlo si la presión sigue. Aunque la amenaza sea más retórica que operativa —porque cerrar el estrecho también le cuesta caro a Teherán—, basta para que los operadores de futuros empujen el precio hacia arriba. Y el precio del petróleo, como siempre, termina en la estación de servicio de cualquier barrio argentino.
Y acá es donde la cosa nos toca a nosotros. La Argentina no es exportadora neta de petróleo, pero sí importa gasoil y naftas para cubrir la brecha entre producción local y consumo. Cada dólar que sube el Brent se traslada, con un retraso de entre 30 y 60 días, al precio de los combustibles. Eso presiona la inflación, que ya viene alta, y complica la hoja de ruta del ministro de Economía. Además, el fortalecimiento global del dólar encarece la deuda soberana en moneda dura y pone presión sobre las reservas del Banco Central.
Según datos de la OPEP y la EIA, si el Brent se estabiliza por encima de los 85 dólares durante varias semanas, el impacto en la balanza comercial argentina podría ser de entre 800 y 1.200 millones de dólares adicionales en importaciones energéticas para el resto del año. No es una catástrofe, pero sí un golpe que obliga a reasignar dólares que, de otra manera, irían a pagar importaciones de insumos industriales o a acumular reservas.
Anoto la previsión, para corregirme después si me equivoco: ninguna de las dos partes quiere una guerra abierta y prolongada. Ni Washington ni Teherán tienen interés en un conflicto que cierre el Golfo Pérsico durante meses. Pero las dinámicas de escalada son difíciles de controlar una vez que empiezan. Israel busca destruir capacidad nuclear iraní antes de que sea irreversible; Irán busca demostrar que puede golpear intereses americanos sin desatar una invasión; Estados Unidos intenta mantener la disuasión sin comprometer tropas en otro frente mientras sigue la guerra en Ucrania.
El mapa, como siempre, explica más que el discurso. El corazón de la cuestión sigue siendo el control del rimland del Golfo, esa franja costera que Mackinder y Spykman ya señalaban como clave. Quien domine las rutas de salida del petróleo del Golfo domina, en buena medida, el precio de la energía global. Y quien controla ese precio tiene una palanca sobre el crecimiento de Europa, Asia y, por rebote, de América Latina.
Mientras tanto, en Buenos Aires, el Gobierno sigue negociando con el FMI y los holdouts. Un petróleo más caro le da un argumento adicional para pedir flexibilidad en las metas fiscales, pero también le complica el relato de “orden macroeconómico”. Los mercados ya descontaron parte de la tensión: el riesgo país subió 38 puntos básicos el viernes y el dólar blue reaccionó al alza.
Conviene vigilar tres cosas en los próximos días: si Irán decide cerrar el estrecho aunque sea parcialmente, si la OPEP+ decide aumentar la producción para compensar la posible caída de la oferta iraní, y si la diplomacia europea y china logra abrir un canal de diálogo que evite que la escalada se convierta en guerra abierta. Porque, como siempre, lo que se decide a ocho mil kilómetros termina definiendo el precio del pan, del transporte y de la energía que pagamos en cualquier provincia argentina.