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Repercusiones globales de la guerra en Irán: la ONU alerta por impacto económico y ambiental

Publicado el 02/07/2026 07:05 hs

El organismo internacional advirtió que el conflicto en Irán podría disparar los precios del petróleo, generar inflación mundial y agravar la crisis climática por emisiones y daños a ecosistemas clave.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) emitió un informe urgente en el que advierte sobre las graves consecuencias económicas y ambientales que ya se proyectan a nivel global por el conflicto armado en Irán. Según los datos preliminares del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el estallido de hostilidades a gran escala en el corazón del Golfo Pérsico está alterando cadenas de suministro críticas y amenazando ecosistemas frágiles.

Vamos por partes, porque esto viene de lejos. Irán controla el estrecho de Ormuz, esa franja de agua de apenas 33 kilómetros en su punto más angosto por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. Cualquier interrupción prolongada en esa ruta —ya sea por ataques directos, minas o sanciones secundarias— se traduce en un salto inmediato en los precios de la energía. La ONU estima que un cierre parcial de dos meses podría elevar el barril de Brent por encima de los 130 dólares, con un efecto dominó en los costos de transporte, fertilizantes y bienes de consumo básico.

Y acá es donde la cosa nos toca a nosotros. En Argentina, que importa casi la totalidad de su combustible y buena parte de sus insumos agropecuarios, un aumento sostenido del petróleo se traslada con retraso pero de manera implacable al precio de la nafta, los fletes y, por ende, a los alimentos. Según cálculos internos de la UNCTAD citados en el informe, un shock de esta magnitud podría sumar entre 1,8 y 2,4 puntos porcentuales a la inflación global promedio durante los próximos 18 meses. Para un país periférico y endeudado como el nuestro, ese diferencial se siente en la góndola y en la balanza de pagos.

En el plano ambiental, el panorama es igualmente preocupante. El PNUMA alertó sobre el riesgo de derrames masivos en el Golfo, una zona ya saturada de contaminación crónica. Un ataque a instalaciones petroleras iraníes similares a las de Abqaiq en 2019 podría liberar al mar volúmenes de crudo que tardarían décadas en mitigarse. Además, el uso intensivo de misiles y bombas genera emisiones de carbono equivalentes a varios millones de toneladas, lo que contrasta con los compromisos climáticos que la mayoría de los países firmaron en París.

Conviene no confundir el ruido con la señal. Mientras los titulares se centran en los movimientos militares y las declaraciones de las cancillerías, los técnicos de la ONU miran los datos duros: disrupción en el suministro de gas natural licuado, caída proyectada del 4% en el PIB de varios países importadores netos de energía en Asia y África, y un posible retroceso en la transición energética si los gobiernos optan por quemar más carbón como “puente” de emergencia.

Desde la perspectiva geopolítica, el conflicto pone en evidencia la vulnerabilidad del rimland eurasiático que ya había señalado Nicholas Spykman hace décadas. El control —o la inestabilidad— de esa franja costera que va del Golfo hasta el Indo-Pacífico define hoy gran parte del precio que pagan los consumidores en cualquier rincón del planeta. La Argentina, que vende soja, maíz y litio al mundo, no es una isla: cada punto que sube el flete marítimo por la necesidad de rodear zonas de riesgo se come parte de la competitividad de nuestras exportaciones.

El informe de la ONU no se limita a diagnosticar. Propone un conjunto de medidas de contención que van desde la creación de un fondo de estabilización de precios energéticos hasta la activación de corredores humanitarios y ambientales para mitigar los daños en el Golfo. Sin embargo, su implementación depende de la voluntad política de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, actores que, hasta ahora, han priorizado sus alianzas estratégicas por sobre la gobernanza global.

Anoto la previsión para corregirme después si me equivoco: sin un cese de hostilidades rápido, el mundo entrará en un ciclo de inflación energética e inestabilidad ambiental que durará al menos dos años. Los países en desarrollo, entre ellos varios de América Latina, serán los más expuestos. Para la Argentina, el desafío es doble: negociar mejores términos en sus compras de energía y, al mismo tiempo, acelerar la diversificación de su matriz productiva para no quedar atada a un commodity cuyo precio ya no depende solo del mercado, sino de la guerra.

El documento completo de la ONU, que combina análisis económico, modelizaciones climáticas y proyecciones de comercio, está disponible en el sitio oficial de la organización. Su lectura resulta incómoda pero necesaria: muestra que, en el siglo XXI, una bomba que cae a 12.000 kilómetros de Buenos Aires termina afectando el precio del pan que se come en cualquier provincia del país.

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