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Qué está pasando tras la ofensiva aérea de Israel y Estados Unidos sobre territorio iraní

Publicado el 29/06/2026 19:30 hs

Tras los ataques aéreos de Israel y Estados Unidos contra Irán, el panorama regional se volvió impredecible. Analizamos las consecuencias inmediatas, las reacciones y el riesgo de una escalada mayor en Medio Oriente.

La ofensiva aérea lanzada por Israel, con apoyo operativo de Estados Unidos, contra instalaciones nucleares y militares en territorio iraní marcó un punto de inflexión en el conflicto que ya lleva décadas. Según las primeras informaciones verificadas por fuentes de inteligencia occidental y confirmadas por analistas regionales, los ataques alcanzaron sitios clave como Natanz, Fordow y algunas bases de la Guardia Revolucionaria.

Desde el domingo, Teherán respondió con una andanada de misiles balísticos contra bases estadounidenses en el Golfo, aunque la mayoría fueron interceptados por sistemas de defensa como el Patriot y el Arrow israelí. Hasta el momento, no se reportan bajas civiles masivas en Irán, pero el régimen de los ayatolás prometió una “respuesta proporcional” que podría incluir ataques asimétricos a través de sus proxies en Líbano, Irak y Yemen.

El gobierno de Joe Biden, aunque negó haber participado directamente en el bombardeo inicial, reconoció que proporcionó inteligencia y apoyo logístico a Israel. Fuentes en Washington indicaron que la Casa Blanca buscó limitar el alcance de la operación para evitar una guerra total. Sin embargo, el hecho de que aviones estadounidenses hayan participado en la cobertura aérea cambió el cálculo estratégico de todos los actores.

En el plano económico, los mercados reaccionaron de inmediato. El precio del petróleo Brent superó los 95 dólares por barril en las primeras horas tras los ataques, mientras que el oro alcanzó un nuevo récord como refugio. En Argentina, el impacto se sentirá en el precio de los combustibles y en la inflación importada, ya que el país depende casi totalmente de las importaciones de crudo.

Desde el punto de vista diplomático, China y Rusia condenaron con dureza la acción y pidieron una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU. Irán, por su parte, anunció que abandonará definitivamente las negociaciones sobre su programa nuclear y que reiniciará el enriquecimiento de uranio al 60 %, muy cerca del nivel militar.

En el interior de Irán, las autoridades cortaron el acceso a internet y declararon tres días de luto nacional. Fuentes opositoras en el exilio hablan de protestas aisladas en varias ciudades, pero la represión es intensa. El líder supremo, Alí Jamenei, apareció en televisión para afirmar que “el régimen sionista y su protector americano pagarán caro esta agresión”.

Analistas consultados por Última Hora Diario coinciden en que el riesgo de una escalada regional es alto, pero no inevitable. Israel busca destruir la capacidad nuclear iraní antes de que sea irreversible; Teherán, en cambio, quiere demostrar que puede golpear con fuerza sin desatar una guerra convencional que no podría ganar.

El rol de Estados Unidos es el gran interrogante. Aunque Biden intentó marcar límites, el próximo gobierno estadounidense (sea quien sea) heredará una relación mucho más tensa con Irán y un Medio Oriente en llamas. Por ahora, la diplomacia europea intenta abrir un canal de diálogo, pero las posiciones parecen cada vez más irreconciliables.

En las próximas horas se espera que Israel evalúe si es necesario un segundo round de ataques o si considera que logró su objetivo de degradar significativamente el programa nuclear iraní. Mientras tanto, el Golfo Pérsico se convirtió en un polvorín donde cualquier incidente naval puede disparar una crisis de magnitudes imprevisibles.

Desde Buenos Aires, el Gobierno argentino sigue los acontecimientos con atención: además de los efectos económicos, hay una comunidad judía numerosa y sensible a lo que ocurre en Israel, y una importante colectividad de origen sirio-libanés que también se ve afectada por la inestabilidad regional.

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