Policiales

Las sombras detrás de la muerte del policía federal en Villa Banana

La muerte de un agente de la Policía Federal en un barrio de Rosario revive preguntas sobre narcotráfico, balaceras y la violencia que azota a la ciudad santafesina. Qué se sabe y qué falta investigar.

Publicado el 4 de julio de 2026, 02:25 hs

La muerte de un policía federal en Villa Banana, en Rosario, volvió a poner en el centro una realidad que los rosarinos conocen de memoria: la ciudad sigue siendo un tablero donde se juegan disputas que poco tienen que ver con la “inseguridad” como la cuentan en los títulos de los noticieros porteños.

El agente cayó baleado en uno de los barrios más calientes del sur rosarino. Según las primeras versiones oficiales, se trató de un enfrentamiento con delincuentes. Pero, como suele ocurrir en estos casos, las sombras aparecieron casi de inmediato. Testigos que no coinciden con la versión policial, cámaras que no funcionaban justo esa noche y un historial de denuncias sobre complicidades entre fuerzas de seguridad y bandas locales que nadie termina de investigar hasta el fondo.

Villa Banana no es un barrio cualquiera. Es uno de los puntos calientes del narcotráfico en Rosario. Allí operan varias facciones que se disputan el control de la venta de droga al menudeo y, sobre todo, el cobro de “peaje” a quienes entran a vender desde otras zonas. Un policía federal muerto en ese contexto genera más preguntas que respuestas: ¿estaba de franco? ¿Cumplía alguna tarea encubierta? ¿Era un mensaje dirigido a la fuerza?

Fuentes consultadas por Última Hora Diario en la zona coinciden en algo: desde hace meses se viene gestando una pulseada silenciosa entre dos grupos que responden a nombres que ya son clásicos en la crónica negra local. La muerte del agente se produce en medio de esa pulseada. No es casualidad, dicen, que el lugar exacto del hecho sea una esquina que viene siendo disputada con balaceras semanales.

El fiscal que investiga el caso ya pidió las cámaras de seguridad del barrio y de las inmediaciones. El problema es que, como ocurrió en varios episodios previos, muchas de esas cámaras “casualmente” estaban fuera de servicio o apuntaban para otro lado. Es un patrón que se repite demasiado para ser solo mala suerte.

Desde la Policía Federal emitieron un comunicado breve en el que lamentan el fallecimiento del agente, destacan su trayectoria y prometen “colaborar con la Justicia”. Palabras que ya se escucharon decenas de veces en Rosario sin que eso implique avances reales en las investigaciones que tocan a las propias fuerzas.

Lautaro Fenoglio, que cubre la crónica de violencia en el sur santafesino desde hace años, señala que “el dato que más inquieta no es solo que un policía haya muerto, sino el contexto en el que cayó. Villa Banana no es solo un lugar de venta de droga; es un territorio donde las bandas tienen capacidad de fuego para plantar cara a las fuerzas de seguridad. Y cuando eso ocurre, siempre hay que preguntarse si hubo aviso previo, si había inteligencia o si simplemente se mandó a un agente a un lugar donde ya se sabía que el riesgo era altísimo”.

Vecinos del barrio consultados off the record coinciden en que la presencia policial en la zona es irregular. A veces hay operativos ruidosos con mucha prensa; otras semanas enteras pasan sin que se vea una sola patrulla. “Es como si vinieran a hacer show y después nos dejaran solos”, resume una vecina que prefirió no dar su nombre.

El caso se suma a una lista cada vez más larga de policías caídos en Rosario en circunstancias que nunca terminan de aclararse del todo. En los últimos tres años, al menos nueve efectivos de distintas fuerzas murieron en hechos vinculados al narcotráfico. En muy pocos de esos expedientes hay condenas firmes.

Mientras tanto, el gobernador Maximiliano Pullaro y el ministro de Seguridad provincial vuelven a hablar de “mano dura” y de “recuperar las calles”. Frases que suenan bien en conferencia de prensa pero que chocan contra una realidad: sin una investigación seria sobre las conexiones entre bandas, fuerzas de seguridad y política local, cada nuevo muerto –sea civil, policía o narco– solo suma un número más a una estadística que ya nadie se sorprende de ver.

La familia del agente federal asesinado pidió que se esclarezca el hecho “sin chicanas políticas”. Es un pedido justo. Pero en Rosario, esclarecer un homicidio de estas características implica tocar intereses que van mucho más allá de la esquina donde cayó el policía. Y eso, hasta ahora, nadie parece dispuesto a hacerlo de verdad.

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