Guerra en Medio Oriente: ¿está el Derecho Internacional en jaque?
El conflicto en Gaza e Israel pone bajo escrutinio los mecanismos de protección humanitaria y las normas que rigen las guerras. Analizamos si el Derecho Internacional Humanitario resiste o se debilita ante la escala de la crisis.
El conflicto que estalló el 7 de octubre de 2023 entre Israel y Hamas, y que se extendió a otros frentes regionales, volvió a colocar al Derecho Internacional en el centro del debate global. Mientras los bombardeos en Gaza dejan miles de civiles muertos y una crisis humanitaria sin precedentes, voces de organismos internacionales y expertos en derecho advierten que las normas que regulan las guerras están siendo puestas a prueba como pocas veces en las últimas décadas.
El Derecho Internacional Humanitario (DIH), principalmente los Convenios de Ginebra de 1949 y sus protocolos adicionales, establece reglas claras: distinción entre combatientes y civiles, proporcionalidad en los ataques y prohibición de castigos colectivos. Sin embargo, la densidad poblacional de Gaza, el uso de infraestructura civil por parte de grupos armados y la respuesta militar israelí plantean dilemas que los textos jurídicos no resuelven de manera sencilla.
Desde France 24, el programa El Debate reunió voces que coinciden en un punto: el sistema internacional de protección parece más frágil que nunca. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) ordenó a Israel prevenir un genocidio, pero la implementación de esas medidas depende de la voluntad política de los Estados. Mientras tanto, el Consejo de Seguridad de la ONU sigue paralizado por el veto de sus miembros permanentes.
"El Derecho Internacional no se aplica solo cuando es cómodo", señaló un experto en el debate. La acusación de Sudáfrica ante la CIJ, las denuncias de crímenes de guerra por parte de ambas partes y el bloqueo humanitario plantean la pregunta de fondo: ¿sirve todavía el marco legal creado después de la Segunda Guerra Mundial?
En el terreno, la realidad es cruda. Según cifras de la ONU, más de 40.000 palestinos han muerto desde el inicio de la escalada, la mayoría mujeres y niños. Israel sostiene que su operación busca eliminar a Hamas y que toma medidas para minimizar daños civiles, aunque organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional documentan ataques a infraestructuras sanitarias y escuelas que podrían constituir violaciones graves.
Del otro lado, los ataques del 7 de octubre, con más de 1.200 israelíes asesinados y 250 rehenes, fueron calificados como crímenes de guerra y posibles crímenes de lesa humanidad. El uso de civiles como escudos humanos por parte de Hamas también viola el DIH de manera flagrante.
Lo que está en juego no es solo la vida de las víctimas directas. Si las grandes potencias y los actores regionales ignoran sistemáticamente las resoluciones y fallos internacionales, el precedente que se crea debilita el sistema para futuros conflictos. Ucrania, Yemen, Siria y ahora Medio Oriente muestran un patrón preocupante: el Derecho Internacional se convierte en un instrumento retórico más que en una herramienta vinculante.
Desde el punto de vista federal y para el lector argentino, el tema tiene relevancia porque nuestro país integra organismos multilaterales y ha sido históricamente defensor del multilateralismo. Además, la comunidad judía y la colectividad palestina en Argentina siguen con atención cada giro del conflicto.
Expertos consultados coinciden en que la solución no pasa por descartar el Derecho Internacional, sino por reforzar sus mecanismos de enforcement. Eso implica mayor independencia de la Corte Penal Internacional, mayor presión de los Estados no alineados y, sobre todo, voluntad política real para que las normas no queden en papel.
Mientras las negociaciones por una tregua avanzan y retroceden, Gaza sigue sufriendo. El Derecho Internacional no detiene las bombas, pero su erosión gradual podría dejar un mundo aún más peligroso para las próximas generaciones. La pregunta ya no es si está en jaque, sino cuánto más puede resistir antes de que el tablero se rompa definitivamente.