Cayó otro integrante de la banda narco tras el homicidio de un agente federal en Rosario
La Policía Federal Argentina detuvo a un segundo sospechoso por el asesinato del agente Cristian Javier Romano, ocurrido el 8 de octubre en Rosario. El caso expone la violencia que rodea al narcotráfico en la ciudad santafesina.
Un nuevo avance se registró en la investigación por el homicidio del agente de la Policía Federal Argentina Cristian Javier Romano, asesinado el 8 de octubre en Rosario. Fuentes judiciales confirmaron que cayó un segundo integrante de la banda narco presuntamente involucrada en el hecho.
El detenido, de 28 años, fue capturado en las últimas horas en un operativo conjunto entre la Policía Federal y la Agencia de Investigación Criminal de Santa Fe. Según los datos que trascendieron, se trata de un hombre con antecedentes por delitos contra la propiedad y vinculado al grupo que habría planificado el ataque contra el efectivo federal.
El crimen ocurrió pasadas las 22 en la zona de Rouillón y Lamadrid, en el noroeste rosarino. Romano, de 43 años y con más de 20 en la fuerza, fue emboscado mientras se encontraba en un vehículo particular. Recibió múltiples disparos y murió en el lugar. El agente no estaba de servicio en ese momento, pero su rol en investigaciones de narcotráfico lo había convertido en objetivo.
El primer detenido, capturado días después del homicidio, ya había sido imputado por homicidio agravado por el uso de arma de fuego y por el contexto de narcotráfico. Ahora, con esta segunda detención, los investigadores creen que se acerca el desmantelamiento completo del grupo responsable.
"Vamos por partes, porque esto viene de lejos", suele decirse en estos casos. Rosario acumula más de 200 homicidios en lo que va del año, muchos de ellos ligados al ajuste de cuentas entre bandas que se disputan el control de la venta de drogas en barrios populares. La muerte de un policía federal no es un hecho aislado: en los últimos tres años, al menos otros cinco efectivos de distintas fuerzas fueron asesinados en la ciudad en contextos similares.
Desde el Ministerio de Seguridad de la Nación destacaron que la investigación se lleva adelante con total reserva y que se está trabajando en conjunto con la Justicia Federal y provincial. "Conviene no confundir el ruido con la señal", señalaron fuentes cercanas a la causa: los operativos contra el narcotráfico continúan de manera sostenida, más allá de cada hecho de sangre.
Y acá es donde la cosa nos toca a todos. Lo que ocurre en Rosario no es solo un problema local. Es el nudo de una cadena que incluye puertos de salida de cocaína hacia Europa, rutas de precursores químicos desde el norte del país y una economía ilegal que genera millones y deja decenas de muertos por mes. Cada detención es un paso, pero el problema estructural sigue intacto.
Los vecinos del barrio donde cayó Romano viven hace años entre balaceras y operativos. El miedo es cotidiano. Organizaciones sociales y referentes locales vienen reclamando desde hace tiempo una intervención más profunda que no se limite a la represión puntual.
La Justicia Federal de Rosario imputó al segundo detenido por los mismos delitos que al primero: homicidio calificado por el vínculo con el narcotráfico y por el uso de arma de fuego. Se espera que en las próximas horas se realice la audiencia de imputación formal y se determine si queda preso.
Anoto la previsión para corregirme si me equivoco: si no se atacan las economías que financian estas bandas —el lavado de activos, el contrabando y la corrupción policial—, detenciones como estas serán solo paños fríos. El mapa, como siempre, explica más que el discurso: Rosario está en el centro de una ruta clave del narcotráfico sudamericano, y eso no se resuelve con un solo operativo.
La familia del agente Romano pidió reserva y espera que la Justicia llegue hasta los últimos responsables. Mientras tanto, la ciudad sigue contando sus muertos y las fuerzas de seguridad, sus bajas.