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Toquinho: “La guitarra es mi psicoanalista y mi compañera de toda la vida”

El legendario compositor y guitarrista brasileño se abrió en una charla íntima sobre su carrera, el vínculo con Vinicius de Moraes, la dictadura y el rol terapéutico de su instrumento.

Publicado el 23 de julio de 2026, 02:30 hs

Toquinho recibió a Última Hora Diario en un hotel del centro porteño, con su inseparable guitarra al lado. A sus 78 años, el artista que acompañó a Vinicius de Moraes, que compuso “Aquarela” y que sobrevivió a la dictadura militar brasileña sigue activo, tocando y componiendo como el primer día.

“La guitarra es mi psicoanalista y mi compañera. Todo lo que siento, lo paso por las cuerdas. Es el lugar donde no tengo que fingir nada”, dice con esa voz calma que parece sacada de una de sus propias canciones.

Nacido en São Paulo en 1946 como Antônio Pecci Filhos, Toquinho se convirtió en uno de los nombres imprescindibles de la música popular brasileña. Su vínculo con Vinicius de Moraes marcó un antes y un después. Juntos crearon clásicos como “Tarde em Itapoã”, “Regra Três” y “Como Dizia o Poeta”.

“Vinicius era un maestro de la vida. Me enseñó a mirar el mundo con poesía. Cuando tocábamos, el tiempo se detenía. Era pura emoción”, recuerda con los ojos brillantes.

La charla se da en medio de una nueva gira por Argentina, país que lo adoptó artísticamente desde hace décadas. Toquinho se emociona al hablar de las noches en el teatro Gran Rex o en recitales más íntimos donde el público canta cada letra.

“Argentina siempre me trató con un cariño inmenso. Acá siento que la gente entiende de verdad lo que hago. No es solo música, es vida”, afirma.

Sobre la dictadura militar que azotó Brasil entre 1964 y 1985, Toquinho es claro: “Fue un período oscuro. Muchos amigos tuvieron que exiliarse, otros fueron torturados. Nosotros intentamos resistir con la música. Las canciones se convirtieron en una forma de decir lo que no se podía decir en voz alta”.

Su disco “Toquinho e Vinicius” de 1971 sigue siendo un hito. Pero también sus composiciones solistas, como la mítica “Aquarela”, que se volvió himno generacional en todo el continente.

“‘Aquarela’ nació de un dibujo que me hizo mi hija. Yo quería hablar de la infancia, de los sueños, de cómo todo se transforma. Terminó siendo una canción sobre la vida misma”, explica.

A lo largo de la entrevista, el maestro brasileño vuelve una y otra vez al rol casi terapéutico de su instrumento. “Cuando estoy triste, toco. Cuando estoy feliz, toco. La guitarra me escucha sin juzgar. Es lo más cercano que tengo a un confidente”.

Toquinho también reflexiona sobre el paso del tiempo y la vigencia de la bossa nova y el MPB. “La buena música no tiene fecha de vencimiento. Los chicos de hoy descubren a Vinicius, a Tom Jobim, a Chico Buarque y se emocionan igual que nosotros. Eso es lo hermoso”.

Al final de la charla, toma la guitarra y toca unos acordes suaves de “Samba de Orly”. La melodía llena la habitación. No hace falta decir nada más. Toquinho, el referente máximo de la música brasileña, sigue siendo un hombre que conversa mejor con las cuerdas que con las palabras.

Y en esa conversación silenciosa, sigue encontrando sentido a cada nota, a cada año, a cada historia que aún tiene para contar.

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