Economía

Petróleo, dólar e inflación: el impacto del conflicto en Medio Oriente en la economía argentina

El escalamiento de las tensiones entre Israel e Irán impulsa el precio del crudo y genera presión sobre el dólar y la inflación local. Cómo afecta a la Argentina en medio de su programa de estabilización.

Publicado el 2 de julio de 2026, 16:50 hs

Mapa de Medio Oriente con plataformas petroleras y gráficos de precios del petróleo y dólar

El reciente intercambio de misiles entre Israel e Irán volvió a poner al petróleo en el centro de la escena global. El crudo Brent superó los 75 dólares por barril en las últimas horas y el WTI se acercó a los 72, niveles que no se veían desde abril. Para la Argentina, que importa alrededor del 20% de su consumo de combustibles, cada salto en los precios internacionales se traduce en mayor presión cambiaria y, eventualmente, en inflación.

El mecanismo es conocido: el aumento del petróleo encarece las importaciones de naftas y gasoil, lo que deteriora la balanza comercial energética. Según datos del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), el país necesitaría unos 4.500 millones de dólares adicionales este año si el barril se mantiene por encima de los 80 dólares de promedio. Esa salida de divisas presiona al Banco Central, que ya administra con cautela sus reservas netas.

En el mercado cambiario, el efecto se sintió de inmediato. El dólar blue subió más de tres pesos tras las primeras noticias de ataques directos y los futuros de dólar mostraron un incremento en la brecha con el oficial. Aunque el Gobierno mantiene el crawling peg del 1% mensual, los operadores empiezan a preguntarse cuánto tiempo podrá sostenerse esa paridad si el shock externo se profundiza.

La inflación también recibe su parte. El traslado a precios de los combustibles es rápido: una suba de 10% en el valor internacional del crudo suele derivar en un ajuste de entre 4% y 6% en los surtidores locales en pocas semanas. Eso impacta directamente en la cadena de costos del transporte, los alimentos y la logística, sectores que explican casi el 40% de la canasta del IPC.

Desde el punto de vista fiscal, el panorama es mixto. Vaca Muerta sigue siendo la gran carta. Con un barril más caro, las exportaciones de petróleo y gas licuado se vuelven más rentables y podrían compensar parte del mayor costo de las importaciones. El ministro de Economía ya había señalado que el superávit primario de los primeros meses del año permitió absorber algunos shocks externos, pero advirtió que un petróleo sostenidamente alto complica el sendero de desinflación.

Los analistas consultados coinciden en que el impacto depende de la duración del conflicto. Si se mantiene en un nivel de tensión controlada, el efecto sobre la economía local sería moderado y transitorio. Pero un cierre del estrecho de Ormuz o un ataque a instalaciones sauditas podría llevar el Brent por encima de los 90 dólares y obligar a una revisión completa del programa económico.

Por ahora, el Gobierno mantiene la estrategia de acumular reservas y evitar una devaluación brusca. Fuentes de la Secretaría de Energía indicaron que se evalúa acelerar las licitaciones de exportación de crudo de Vaca Muerta para traer dólares frescos antes de que termine el segundo trimestre. Al mismo tiempo, se monitorea el precio doméstico de los combustibles para evitar un ajuste que rompa la frágil estabilidad de precios relativos.

El conflicto en Medio Oriente no solo es una cuestión geopolítica lejana: es un recordatorio de que la economía argentina sigue siendo vulnerable a shocks externos que escapan por completo a su control. Seguir la evolución del petróleo y del dólar en las próximas semanas será clave para entender si el sendero de estabilización se mantiene o si será necesario ajustar las metas.

← Volver al blog