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Editorial de La Nación: Pan y circo Santiagueños

Mientras el feudo de Zamora sigue recibiendo una fuerte asistencia económica del Estado nacional, el gobernador aumenta partidas para obras faraónicas

Los feudos que sobreviven en la Argentina, como una clara distorsión de la democracia recuperada en 1983, se basan en varios pilares: el miedo, la pobreza, la falta de educación que otorgue al ciudadano un sentido crítico, la erosión de la institucionalidad, la prebenda, el clientelismo, la connivencia político-judicial y las costosísimas y exuberantes obras de escasa rentabilidad social, pero que son expuestas como fachadas de progreso para disimular la penosa y miserable realidad a la que se somete a la amplia mayoría de sus ciudadanos.

Santiago del Estero es un ejemplo de larga data de estos males, que impiden a sus habitantes liberarse del autoritarismo, la prepotencia y la corrupción, para encarar un camino de progreso sostenible que la aleje de estar entre las provincias más pobres del país, con los peores índices sociales.

No ha faltado el apoyo del Estado nacional a ese distrito. Además de ser uno de los más beneficiados por un régimen de coparticipación federal que solventa casi el 90% de su presupuesto, ha recibido aportes extraordinarios para obras públicas, incluso durante el gobierno de Mauricio Macri.

Sin duda, el país requiere un desarrollo equilibrado entre todas las regiones y es necesario canalizar aportes para superar el atraso de las provincias con mayores índices de pobreza. Pero eso demanda políticas distintas de las instrumentadas en aquellos feudos donde la única estrategia está dirigida a obtener el exclusivo beneficio personal de sus gobernantes.

Santiago del Estero es una provincia que necesita obras que amplíen las zonas irrigadas y mejoren su distribución; reconstruir ferrocarriles y pavimentar rutas para bajar costos logísticos; recuperar vastas extensiones para la producción, como los bajos submeridionales; encarar un programa de reforestación en un territorio que perdió el 90% de sus bosques nativos, entre otras obras imprescindibles para mejorar la infraestructura social, ante la carencia de agua potable y cloacas para la mayoría de su población.
Sin embargo, los fondos nacionales, ya sea provenientes de la coparticipación federal de impuestos o de aportes extraordinarios, se vuelcan en Santiago del Estero a centros deportivos exclusivos, cuyo mantenimiento resulta altísimo en términos económicos; a emprendimientos fastuosos, como aeropuertos que muy pocos usan, y a edificios inteligentes, opulentos y lujosos para albergar a un funcionariado que solo acrecienta la burocracia, alejado de las necesidades de los pobladores.
Valga un ejemplo de los temas preponderantes para el gobernadorGerardo Zamora. Un reciente informe de TN Central dio cuenta de una resolución provincial por la cual se dispuso un incremento presupuestario para elAutódromo Internacional Termas de Río Hondo. Se le destinó una partida de 80 millones de pesos para atender los gastos que ocasiona su mantenimiento en virtud de que no se está usando como consecuencia de la pandemia y teniendo en cuenta que necesitará estar en condiciones para cuando se retomen las actividades.

La explicación oficial es que el autódromo en funciones da buenos dividendos y que por ello hay que prestarle especial atención. Sin embargo, ese gasto enorme de dinero se da en un contexto de recesión económica gravísima, en medio de una crisis sanitaria sin precedente y en una provincia donde actualmente casi el 50% de la población de entre 18 y 65 años recibe el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) dispuesto por el gobierno nacional para los hogares con ingresos informales y formales insuficientes debido a que no pueden trabajar por causa de la emergencia producida por el Covid-19.

Fue el propio Zamora quien, en un mensaje publicado en Facebook, celebraba el mes último que el presidente Alberto Fernández hubiera incluido a Santiago del Estero en esa ayuda, cuando se pensaba limitarla solamente al AMBA y al Chaco.

No obstante aquella provincia tiene un índice de pobreza histórico, que oscila alrededor del 45%, ello no le ha impedido a Zamora proyectar y avanzar en un megaestadio de fútbol para 29.000 espectadores sentados, con plateas VIP y 22 palcos, además de un museo interactivo con una inversión que, a febrero último, rondaba los 1500 millones de pesos. Zamora definió esa obra como una «política de Estado», lo cual confirma cuáles son sus prioridades.

Ni qué decir del aeropuerto de Termas de Río Hondo, que funcionaba hasta antes de la pandemia algunos días de la semana y no todo el año, construido a apenas 60 kilómetros del emplazado en las cercanías de la ciudad de Santiago del Estero.

Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), esa provincia es la menos desarrollada del país, incluso por debajo de Formosa y Chaco, distritos con los cuales comparte el lamentable récord de tener un 10% de la población con pensiones por invalidez, lo que muestra la magnitud del fraude que se ha consolidado, junto con la existencia de múltiples planes sin contraprestación laboral alguna.
Se trata de millones y millones de pesos que, mes tras mes, se dilapidan en el feudo de Zamora. Hasta ha encarado un dique sobre un río sin agua, solo para vender ilusiones de un falso progreso, mientras la pobreza estructural provincial ha llegado a límites bochornosos e indignos para cualquier ser humano.

Pan, circo y autoritarismo, como la represión e intimidación a médicos en Parque Aguirre, en Añatuya y en Monte Quemado, son algunos de los principales componentes de la fórmula con que los Zamora han venido eternizándose en el poder a costas de la sumisión de una población al látigo de la dependencia estatal.

 

 

 

Fuente: Diario La Nación

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