Polémica en Gran Hermano Chile: obligaron a dos concursantes a besarse
El reality chileno volvió a generar controversia tras un desafío que forzó un beso entre participantes. El episodio reaviva el debate sobre los límites éticos de los programas de encierro.
Una nueva polémica sacude a Gran Hermano Chile. En las últimas horas, un desafío impuesto por la producción del reality obligó a dos concursantes a besarse, lo que generó fuertes críticas en redes sociales y entre analistas de televisión.
Según lo que se vio en pantalla, los participantes fueron desafiados a realizar el acto bajo amenaza de perder puntos o beneficios dentro de la casa. El momento, transmitido en vivo, dejó visible incomodidad en ambos jóvenes, que intentaron resistirse antes de cumplir la orden.
El episodio se suma a una serie de cuestionamientos que vienen recibiendo los realities de este tipo en la región. En Chile, donde el formato ya acumula varias temporadas, crece la voz de quienes sostienen que ciertos desafíos cruzan la línea del consentimiento y la dignidad personal.
"No se puede obligar a nadie a tener contacto físico que no desea, ni siquiera por entretenimiento", escribió una usuaria en X, resumiendo el sentir de miles de comentarios que circularon durante la noche. Organismos de derechos de las mujeres y colectivos LGBTIQ+ también se pronunciaron, pidiendo que el canal revise los protocolos de cuidado de los participantes.
Desde la producción del programa, hasta el momento, no hubo una respuesta oficial. En temporadas anteriores, la señal había defendido este tipo de desafíos como "parte del juego" y recordando que los concursantes firman contratos que los exponen a situaciones límite.
El beso forzado ocurrió en el marco de una prueba semanal que definía la nominación y algunos privilegios. Uno de los involucrados había manifestado previamente su incomodidad con ese tipo de desafíos, pero igual fue seleccionado por la mecánica del juego.
Este tipo de situaciones no son nuevas en Gran Hermano. En ediciones argentinas, chilenas y mexicanas ya se registraron denuncias similares, que llevaron incluso a pedidos de regulación de los realities por parte de legisladores en varios países.
Especialistas en comunicación sostienen que el problema radica en la asimetría de poder: los participantes dependen de la producción para su permanencia, su imagen pública y, en muchos casos, por contratos millonarios que limitan su capacidad real de negarse.
Mientras las redes siguen divididas —hay quienes lo defienden como "solo un juego" y quienes lo consideran abuso—, el episodio vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de actualizar los códigos éticos de la televisión de encierro en América Latina.
Por ahora, los dos concursantes continúan dentro de la casa y no trascendieron declaraciones suyas fuera de lo emitido en el programa. El próximo capítulo podría traer alguna mención o, al menos, una aclaración por parte de los conductores.