Paro general de la CGT: servicios afectados y cómo impacta en el bolsillo
La CGT lleva adelante un paro general con alta adhesión. Transportes, educación, salud y bancos se ven afectados. Te contamos uno por uno qué funciona y qué no, y el costo real para los trabajadores.
La CGT concretó este jueves su segundo paro general del año contra las políticas económicas del gobierno de Javier Milei. Según los datos que circulan en las últimas horas, la adhesión supera el 70% en varios sectores clave, aunque el Gobierno habla de una medida “política” con bajo seguimiento.
Vayamos al número concreto: el transporte público es uno de los rubros más golpeados. Subtes, colectivos y trenes funcionan con servicios mínimos o directamente no circulan en la mayoría de las líneas del AMBA y en varias provincias. En el interior, el impacto es heterogéneo: en Rosario y Córdoba la adhesión ronda el 80%, mientras que en Mendoza y Salta hay más servicios operando.
Los bancos permanecen cerrados al público. No hay atención en sucursales ni por home banking en algunos casos. Los cajeros automáticos se vaciaron temprano y varios ya no tienen efectivo. Esto complica el pago de salarios, jubilaciones y deudas que vencen hoy.
La educación también se paralizó. En la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Buenos Aires más del 90% de las escuelas públicas no dictaron clases. Universidades nacionales adhieren de lleno. Solo algunas privadas mantienen guardias mínimas.
En el sector salud, los hospitales públicos funcionan con guardias mínimas. Las cirugías programadas se postergan y solo se atienden emergencias. Clínicas privadas tienen una adhesión más baja, pero igual se registran demoras.
El comercio minorista muestra un panorama mixto. En barrios y centros de cercanía muchos locales abrieron tarde o no abrieron. Las grandes cadenas y shoppings registran menos movimiento de público, aunque no están obligados a parar.
La administración pública nacional y varias provinciales adhieren al paro. En ANSES no se atienden trámites presenciales. En AFIP y Aduana el servicio es mínimo. Esto retrasa devoluciones de impuestos y trámites de exportación.
Ahora bien, acá está la trampa que suele ocultarse en los comunicados oficiales: un día de paro no solo cuesta en términos de actividad. Para el trabajador que cobra por día o por hora, significa directamente un día menos de ingreso. Según estimaciones de consultoras privadas, el costo total del paro rondaría los 500 millones de dólares en pérdida de actividad, aunque esas cifras siempre dependen de la base de comparación.
El Gobierno, a través del vocero Manuel Adorni, calificó la medida como “un paro político” y aseguró que “la mayoría de los argentinos quiso ir a trabajar”. Desde la CGT responden que la protesta es contra un ajuste que ya lleva más de un año y que redujo el salario real en más del 20% según los propios datos del INDEC.
El transporte aéreo también se vio afectado. Aerolíneas Argentinas canceló la mayoría de sus vuelos. Low cost como Flybondi y Jetsmart operan con demoras y cancelaciones. Quienes tenían que volar hoy deberán reubicarse en los próximos días, con el consecuente costo extra.
En el sector energético, YPF y otras petroleras reportan bajo acatamiento, aunque algunos sindicatos de petroleros sí adhieren. El servicio de luz y gas no se interrumpe, pero las tareas de mantenimiento y atención al público están limitadas.
¿Contra qué lo estamos midiendo? El último paro general de la CGT fue en enero de este año. La comparación no es sencilla: la economía está más contraída y el poder adquisitivo sigue cayendo. El “éxito” o “fracaso” de la medida, como siempre, dependerá de quién haga el relato.
Lo concreto es que hoy millones de argentinos no pudieron llegar a sus trabajos, no cobraron un día de salario o directamente perdieron un día de changa. El promedio miente: para el empleado en blanco de una fábrica o una oficina, el costo es un descuento en el recibo. Para el monotributista o el trabajador informal, es directamente cero ingreso.
La CGT anunció que evaluará nuevas medidas si el Gobierno no abre una mesa de diálogo real. Por ahora, el Ejecutivo mantiene la línea de que “no hay plata” y que el ajuste es la única herramienta disponible.
Este paro, como casi todos los anteriores, deja más preguntas que respuestas. ¿Sirve para torcer una política económica o solo para mostrar músculo sindical? ¿Cuánto está dispuesto a pagar el bolsillo de los trabajadores por una protesta que, en el corto plazo, les duele más a ellos que al Gobierno? La planilla de los próximos días dirá si este 9 de enero fue un punto de inflexión o solo un día más de ruido político.