Irán advierte que responderá a cualquier ataque de EE.UU. o Israel: “Estamos preparados”
El régimen iraní elevó el tono ante posibles acciones militares conjuntas de Washington y Tel Aviv. La amenaza se produce en medio de tensiones crecientes por el programa nuclear y la situación regional.
El régimen de Irán elevó el tono este miércoles y advirtió que está listo para responder a cualquier eventual ataque militar lanzado por Estados Unidos o Israel contra su territorio. La declaración, emitida por voceros cercanos al líder supremo Ali Jamenei, refuerza la narrativa de disuasión que Teherán mantiene desde hace meses.
“Estamos preparados para responder a cualquier agresión en nuestro territorio, sea cual sea su origen”, dijo un alto funcionario de la Guardia Revolucionaria, según reportes confirmados por medios estatales iraníes. La frase no es nueva en el repertorio retórico del régimen, pero su repetición en este momento adquiere peso ante la acumulación de señales que apuntan a una posible coordinación entre Washington y Tel Aviv.
La tensión se alimenta de dos frentes simultáneos. Por un lado, la insistencia israelí en que Irán no puede llegar al umbral nuclear; por el otro, la determinación estadounidense de no permitir que Teherán consolide un arsenal atómico. Fuentes de inteligencia occidentales sostienen que Irán ya ha enriquecido uranio hasta niveles cercanos al 60 %, a un paso del 90 % requerido para uso militar.
El tablero regional
Irán no solo habla desde el aislamiento. Cuenta con una red de proxies que van desde Hezbollah en Líbano hasta los hutíes en Yemen y varias milicias chiitas en Irak y Siria. Esa arquitectura le permite amenazar con una respuesta asimétrica: no necesariamente un ataque directo contra bases estadounidenses o israelíes, sino una escalada a través de actores no estatales que complique el cálculo de costos para sus adversarios.
Desde la perspectiva de Israel, el reloj corre. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha repetido que no permitirá que Irán se convierta en una potencia nuclear. En Washington, la administración Trump —o cualquier sucesor— enfrenta la presión de sectores que consideran que la diplomacia con Teherán ya fracasó tras el colapso del acuerdo nuclear de 2015.
La variable argentina
Para la Argentina, este pulso entre potencias no es un asunto lejano. El país mantiene una causa judicial abierta por el atentado a la AMIA de 1994, en el que la Justicia argentina imputó formalmente a altos funcionarios iraníes y a Hezbollah. Cualquier escalada militar en el Golfo Pérsico o en el Levante puede tener repercusiones indirectas: desde el precio del petróleo —que afecta nuestra balanza de pagos— hasta la estabilidad de las rutas comerciales que hoy ya están tensionadas por la guerra en Ucrania y los ataques en el Mar Rojo.
Además, una eventual guerra abierta entre Irán e Israel o Estados Unidos modificaría el mapa de alianzas en el Sur Global. Argentina, que busca mantener una política exterior pragmática y no alineada de manera automática, debería calibrar sus posiciones en foros multilaterales y en su relación con socios como Brasil, China y los países árabes.
¿Hacia dónde va el conflicto?
Hasta ahora, tanto Washington como Tel Aviv han optado por la presión máxima sin llegar al choque directo: sanciones, sabotajes cibernéticos, asesinatos selectivos y maniobras militares conjuntas. Irán responde con su propio menú: aceleración del programa nuclear, ejercicios militares y retórica cada vez más dura.
La pregunta que se hacen los analistas es si existe todavía un margen para la diplomacia o si la lógica de la disuasión mutua terminará por desbordarse. Por ahora, Teherán marca que cualquier golpe en su territorio no quedará sin respuesta. La historia reciente de Medio Oriente está llena de episodios en los que una escalada calculada se transformó en guerra abierta por error de cálculo.
Anotamos la previsión: ninguna de las partes parece querer una guerra total en este momento, pero los márgenes de error se estrechan. Habrá que seguir con atención los próximos movimientos de la Guardia Revolucionaria, las declaraciones del Pentágono y cualquier señal que llegue desde Jerusalén. Porque cuando el Golfo Pérsico se calienta, el efecto siempre termina llegando, aunque sea con retraso, a los surtidores de combustible y a la mesa de los argentinos.