A diez años de su estreno, la obra “Campo minado” regresa a la Argentina
La multipremiada pieza de Lola Arias, que mezcla teatro documental con testimonios de excombatientes de Malvinas, vuelve a escena con funciones en Buenos Aires y una mirada renovada sobre la memoria de la guerra.
Diez años después de su estreno en el Teatro Sarmiento de Buenos Aires, la obra Campo minado de Lola Arias regresa al país con una temporada que promete renovar el impacto de uno de los trabajos más potentes del teatro documental argentino.
La pieza, que combina testimonios reales de seis excombatientes –tres argentinos y tres británicos– vuelve a poner en el centro la memoria de la Guerra de Malvinas. No se trata de una reconstrucción histórica ni de un alegato político, sino de un espacio donde los cuerpos y las voces de quienes pelearon se enfrentan cara a cara, a veces con humor negro, a veces con un silencio que pesa toneladas.
Según informó Telefe Noticias, las funciones comenzarán en las próximas semanas en salas porteñas, con parte del elenco original y algunos nuevos participantes que suman capas a la experiencia. Lola Arias, que siempre trabajó con la idea de que el teatro puede ser un campo de batalla pacífico, vuelve a apostar por esa premisa: poner a los que estuvieron en la guerra a contar su historia frente a quienes la vieron desde afuera.
La obra se estrenó en 2016 y rápidamente se convirtió en un fenómeno internacional. Se presentó en más de 15 países, ganó premios en festivales de Alemania, Reino Unido y Francia, y fue elogiada por su capacidad de humanizar a los soldados sin caer en el patriotismo barato ni en el pacifismo edulcorado. En Argentina, marcó un antes y un después en cómo se podía hablar de Malvinas desde el arte: sin héroes de cartón ni villanos de manual, solo hombres que todavía cargan minas en la cabeza.
Brenda Olmedo, cronista de Última Hora Diario especializada en temas sociales, destaca que Campo minado logra lo que muchos documentales fallan en hacer: “Pone el cuerpo y el nombre. No es una estadística de bajas ni un parte de guerra. Son seis tipos que cuentan cómo les cambió la vida, cómo volvieron y cómo siguen peleando contra sus propios fantasmas”.
Uno de los aspectos más fuertes de la pieza es el cruce entre argentinos y británicos. En el escenario, veteranos como Marcelo Vallejo, Rubén Otero y los exsoldados ingleses dialogan, se interrumpen, se ríen y a veces se tensan. Esa fricción es la que genera la potencia de la obra. No hay reconciliación forzada: hay reconocimiento mutuo de que todos fueron parte de una misma locura.
A diez años del estreno, el regreso adquiere un significado extra. Malvinas sigue siendo una herida abierta en la sociedad argentina, pero también un tema que corre el riesgo de ser reducido a efemérides escolares o a discursos políticos. Campo minado viene a recordar que la guerra no terminó en 1982: sigue en las secuelas psicológicas, en las minas que aún no explotaron en el cuerpo y en la memoria, y en las familias que cargan el duelo.
La directora y dramaturga Lola Arias explicó en entrevistas recientes que la obra se actualiza con cada función. “Los veteranos no son los mismos que hace diez años. Algunos tuvieron hijos, otros se enfermaron, otros murieron. El relato cambia porque la vida sigue”, dijo. Esa conciencia del paso del tiempo es uno de los ejes que más conmueven en esta nueva versión.
Las entradas para las funciones ya están a la venta y se espera que la temporada tenga buena respuesta de público, especialmente entre las nuevas generaciones que no vivieron el conflicto pero que se acercan al teatro buscando historias reales y sin filtros.
En un país donde la memoria sigue siendo un campo minado político y cultural, volver a poner esta obra en escena es un gesto valiente. No resuelve nada, pero obliga a mirar de frente. Y eso, en tiempos de relatos simplificados, ya es mucho.