Escalada entre EE.UU. e Irán: crece el temor a un tercer ataque directo
Tras los intercambios de misiles de octubre, analistas advierten que una nueva ofensiva podría desatar una guerra regional de consecuencias imprevisibles. El rol de Israel y las potencias árabes en la tensión actual.
La tensión entre Estados Unidos e Irán alcanzó un nuevo pico tras los ataques directos que ambos países intercambiaron en octubre. Fuentes diplomáticas y analistas consultados por distintos medios internacionales coinciden en que un tercer round no solo es posible, sino que podría desencadenar una escalada sin retorno en Medio Oriente.
El primer ataque iraní contra bases estadounidenses en Irak, en respuesta al asesinato de Qasem Soleimani, había marcado un precedente. El segundo, más reciente, ocurrió en el marco de la guerra entre Israel y Hamas, cuando Teherán lanzó más de 300 drones y misiles contra Israel. Washington, que respalda a su aliado israelí, respondió con sanciones y despliegue naval en el Golfo Pérsico.
Ahora, analistas de think tanks como el Council on Foreign Relations y el International Crisis Group advierten que un tercer ataque iraní —posiblemente contra objetivos estadounidenses o israelíes en la región— podría ocurrir en las próximas semanas. Irán acumuló misiles balísticos de largo alcance y mejoró su flota de drones, mientras que la Armada de EE.UU. mantiene portaaviones en la zona.
"El riesgo de miscalculation es altísimo", dijo un ex funcionario del Pentágono bajo condición de anonimato. Según él, tanto Teherán como Washington están calibrando respuestas que no lleven a una guerra total, pero el margen de error se reduce con cada movimiento.
Israel, por su parte, ya demostró capacidad para golpear en territorio iraní. En abril había respondido a un ataque previo con un bombardeo quirúrgico en Isfahán. Fuentes en Jerusalén indican que cualquier nuevo ataque iraní sería respondido con mayor fuerza, lo que obligaría a Estados Unidos a decidir si se involucra directamente o no.
Los países del Golfo, especialmente Arabia Saudita y Emiratos Árabes, observan con preocupación. Una guerra abierta entre EE.UU. e Irán paralizaría el estrecho de Ormuz, por donde pasa casi el 20% del petróleo mundial, y dispararía los precios de la energía en un momento de fragilidad económica global.
Desde el punto de vista geopolítico, China y Rusia han expresado su respaldo diplomático a Irán, aunque sin compromisos militares explícitos. Beijing, principal comprador de crudo iraní, busca evitar una disrupción que afecte su suministro energético. Moscú, en tanto, utiliza la crisis para distraer atención de su guerra en Ucrania.
En Washington, la administración actual enfrenta presiones internas. Sectores republicanos piden una postura más dura, mientras que dentro de la Casa Blanca se busca evitar un nuevo frente militar antes de las elecciones de medio término.
El próximo movimiento parece depender de cómo responda Irán a las sanciones reforzadas y al apoyo militar estadounidense a Israel. Fuentes en Teherán admiten que el régimen necesita mostrar fuerza para mantener su autoridad interna, especialmente después de las protestas de los últimos años.
Un tercer ataque no sería solo militar: tendría consecuencias económicas, humanitarias y migratorias en toda la región. Organismos como la ONU ya alertaron sobre el riesgo de un conflicto que podría involucrar a múltiples actores estatales y no estatales, desde Hezbollah hasta las milicias chiitas en Irak y Siria.
Por ahora, la diplomacia sigue activa en los pasillos de la ONU y en capitales europeas, pero los cañones están cargados. La historia reciente de Medio Oriente enseña que, una vez que empieza la escalada, detenerla es tarea casi imposible.