Nacionales Policiales

Recibió un audio anónimo y sufrió un infarto: “Me contó desde la cárcel cómo había matado a mi hija”

La mañana en la que un cazador encontró su cuerpo, Dayana cumplía tres días desaparecida. El hombre, que vivía en una casilla incrustada en el monte, corrió hasta la comisaría local. Cuando la Policía llegó al lugar, a la vera de la autopista Buenos Aires- Rosario, el cazador quedó desconcertado: alguien acababa de prender fuego el cuerpo. Un auto que en ese mismo instante buscaba cómo volver a subir a la autopista llamó la atención de todos: era el ex novio de Dayana, el mismo que un día antes había pedido participar de una marcha para encontrarla, publica hoy Infobae.

Hugo Capacio cuenta la historia del cazador, vuelve con el recuerdo a esa mañana, y se le rompe la voz. Hasta la desaparición de su hija, el 8 de mayo de 2012, había tenido una vida apacible: tenía 43 años, tres hijos, era bombero voluntario y trabajaba como supervisor de montaje eléctrico en una empresa de Rosario. El infarto, las cirugías para salvarlo y el desempleo vinieron unos años después, cuando le llegó un audio de whatsapp en el que el femicida de su hija contaba cómo la había matado.

Hugo, en el medio, junto a sus compañeros bomberos

Hugo, en el medio, junto a sus compañeros bomberos

“El audio llegó desde un teléfono desconocido pero yo lo conocía bien, era su voz. Había estado con Dumby, como le decíamos a mi hija, casi dos años”, cuenta Hugo Capacio a Infobae desde su casa, en Rosario. “Decía que mi hija era una puta, que se le había ido la mano y que la había matado con un cuchillito que tenía en el auto y usaba como destornillador”. Dayana, que tenía 17 años, había sido degollada y apuñalada 10 veces por la espalda el mismo de su desaparición.

Los perros del cazador la encontraron tirada en el monte y sin ropa interior, aunque el fuego impidió probar si había sido abusada sexualmente. Fue Hugo quien tuvo que ir a reconocer el cuerpo. “Había hecho con ella lo que alguien hace con la basura, cuando fui a verla todavía estaba humeante”, dice. No es ésta una semana cualquiera para él: ayer se cumplieron 6 años del día en que apareció el cuerpo y desapareció la esperanza.

En esa época se hablaba poco de femicidios: el Código Penal aún no había sido modificado (6 meses después se aprobó la ley que agravó las penas para quien matara a una mujer mediando violencia de género) y faltaban tres años para la primera marcha #NiUnaMenos. En ese contexto, Hugo no había sabido leer las señales. “Nunca los había escuchado discutir, tampoco le había visto marcas en el cuerpo. Ahora sé que estos tipos son así: dulce de leche en público y diablos en privado”.

Ahora que forma parte del colectivo “Atravesados por el femicidio“, aquellas señales le parecen más nítidas. Dayana les había contado que su novio le había prohibido despegarse del teléfono. “Es más, cuando él llamaba Dayana ponía el manos libres, para que le creyera que estaba en casa con nosotros”, sigue Hugo. Después del velatorio, las amigas de su hija le contaron que también le había prohibido juntarse con ellas. Una prima de la joven contó lo que Maximiliano Tessone, el femicida, le había dicho a Dayana cuando lo dejó: “Si no sos mía, no vas a ser de nadie’.

Tessone fue detenido el mismo día en que el cazador y la Policía lo vieron en su Gol gris, a unos 15 metros del cuerpo. Su declaración fue, por lo menos, inverosímil: dijo que había recibido una nota de Dayana en la que le pedía que se encontraran “en el Gauchito Gil, como siempre”, un lugar del monte en la que hay un pequeño santuario. No tenía la nota, dijo que la había tirado en el camino. En el auto, además, tenía un revólver sin balas por eso creen que la interceptó cuando ella iba a hacer un trabajo práctico a la casa de una compañera, la obligó a subir y la llevó a la zona en donde la mató.

“La Justicia fue un tema aparte, tuve que investigar yo. El fiscal me dijo ‘buscame testigos, traelos con nombre y apellido y yo los cito a declarar’, pero las amigas de mi hija no se animaban, tenían mucho miedo al entorno en el que él se movía”. Finalmente y en un juicio abreviado, Tessone fue condenado a 23 años de prisión por “homicidio calificado por ensañamiento” y “portación de arma”. Está, desde aquel entonces, en la Cárcel de Coronda.

“Ahí empezó mi segundo calvario”, interrumpe Hugo. “La cárcel tiene una radio. En principio era un proyecto de reinserción para que se transmitiera intramuros pero yo salía a la autopista y a la altura de Gálvez, en Santa Fe, lo escuchaba hablar en el programa. También lo vi en videos de youtube dando consejos de salud desde la cárcel. ¿Una persona que degolló, apuñaló y quemó a una chica puede dar consejos de salud? Con el tiempo descubrimos que tiene celular y acceso a redes sociales”.

¿Cómo lo descubrió? “Una chica vino a contarme que él la había contactado por Facebook con un perfil trucho. Empezaron a escribirse y él le dijo que estaba preso pero por un robo. La chica fue a visitarlo varias veces al penal, estuvieron un año de novios”. Cuando la joven lo buscó en Google, descubrió la verdad. En 2014, cuando la denuncia de esa joven se hizo pública, otra chica contó algo parecido: habían empezado una relación por Facebook y 6 meses después de haber ido a visitarlo al penal por primera vez, lo buscó el Google.

Con ellas usó las mismas herramientas de control que había usado con Dayana: no las dejaba cortar el teléfono, les pedía que no salieran y que no vieran a sus familias y que le dieran su clave de Facebook. En la requisa posterior a las denuncias, encontraron tres celulares y acceso a Internet. Las podría haber matado pero nadie parece haberlo advertido. De hecho en 2017, hubo un caso así en un penal de Salta: un hombre condenado por el femicidio de su esposa, mató a su novia cuando fue a visitarlo a la cárcel.

El 8 de mayo de 2017, exactamente el día en el que se cumplían 5 años del femicidio de Dayana, Hugo recibió el audio de whastapp.Unas horas después, sufrió un infarto que lo obligó a someterse a una cirugía de urgencia. La primera, para colocarle 2 stents, la segunda para colocarle otros dos. Después tuvo que renunciar a su trabajo en la empresa de montaje eléctrico: como la corriente contrae el músculo cardíaco, le prohibieron seguir haciendo una actividad con riesgo de electrocución.

“Esta semana cumplo un año de que me salvé. Ya no puedo ir al cementerio por miedo a que la cabeza me juegue una mala pasada. Lo único que hice esta semana fue llorar y escribir”, dice, aunque en cada aniversario no hay mucho más para decir. “Un año más sin vos, mi amada Dumby”, le escribió ayer en Facebook.

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