Internacionales

El Papa Francisco pidió a los refugiados que «no pierdan las esperanzas»

En el viaje relámpago que realizó éste sábado a Lesbos, los acompañó y les dijo que 'no están solos'

Cumpliendo su promesa de expresarles «solidaridad y cercanía», el papaFrancisco visitó hoy la isla griega de Lesbos, donde almorzó con refugiados del centro de acogida de Moria, pidió respuestas con «valentía» de la comunidad internacional y rezó para que «jamás» se olviden de los muertos en el «cementerio» en el que se convirtió el mar Egeo.

«No están solos. No pierdan la esperanza», animó hoy el papa Francisco a los migrantes de Moria, el mayor campo de refugiados de la isla griega de Lesbos, donde llegó este sábado en un viaje relámpago para «atraer la atención del mundo», junto al Patriarca Bartolomé y al Arzobispo de Atenas, Hieronymos.

«He querido estar aquí con ustedes. Quiero decirles que no están solos. En estas semanas y meses, sufrieron mucho en su búsqueda de una vida mejor», saludó el Pontífice a los más de 2500 refugiados que esperan en la isla helénica una respuesta al derecho de asilo para poder entrar en Europa, luego de haber cruzado al mar Egeo para escapar del hambre y las guerras.

Al ingresar al campo, donde fue recibido por 150 menores de edad con carteles de bienvenida, el Pontífice recorrió el mismo pasillo que los refugiados deben hacer para registrarse y saludó y estrechó las manos, uno por uno, de 250 de ellos, a quien Francisco les reconoció la esperanza de «construir una nueva vida en este continente».

En una declaración que firmó junto a los líderes religiosos que lo acompañaron, Francisco pidió al mundo «valentía» para afrontar la crisis migratoria y manifestó su «profunda preocupación» por la situación «trágica» de los migrantes.

«Nos hemos encontrado en la isla griega de Lesbos para manifestar nuestra profunda preocupación por la situación trágica de los numerosos refugiados, migrantes y demandantes de asilo, que han llegado a Europa huyendo de situaciones de conflicto y en muchos casos de amenazas diarias a su supervivencia», establece la declaración ecuménica firmada hoy en Moria.

«La opinión mundial no puede ignorar la colosal crisis humanitaria originada por la propagación de la violencia y del conflicto armado, por la persecución y el desplazamiento de minorías religiosas y étnicas, como también por despojar a familias de sus hogares, violentando su dignidad humana, sus libertades y derechos humanos fundamentales», condenaron los tres líderes religiosos.

Luego de visitar el centro de refugiados y de almorzar con un grupo de ocho migrantes, Francisco rezó en el puerto de Lesbos para «jamás» olvidar a los migrantes que mueren en el mar tratando de alcanzar la isla griega.

A esas víctimas homenajeó con un minuto de silencio y una corona de laureles que arrojó al mar junto al Patriarca Ecuménico Bartolomé y al Arzobispo de Atenas Hieronymos.

«No debemos olvidar que los migrantes, antes que números son personas, son rostros, nombres, historias», demandó el Pontífice en el puerto en el que encabezó una ceremonia de homenaje a las víctimas y del que Télam fue testigo.

Francisco resaltó además su «admiración por el pueblo griego», al que agradeció que «a pesar de las graves dificultades que tiene para afrontar, ha sabido mantener abierto su corazón y sus puertas«, en su encuentro con la población y la comunidad católica local.

«Dios de Misericordia, te pedimos por todos los hombres, mujeres y niños que han muerto después de haber dejado su tierra, buscando una vida mejor», pidió Francisco en la última escala de su «triste» viaje relámpago a Grecia, como lo bautizó a bordo del vuelo a Lesbos del que este cronista fue acompañante privilegiado.

«Aunque muchas de sus tumbas no tienen nombre, para ti cada uno es conocido, amado y predilecto. Que jamás los olvidemos, sino que honremos su sacrificio con obras más que con palabras», suplicó el Obispo de Roma.

La súplica fue hecha de cara a los pocos kilómetros en los que el Mar Egeo separa a Grecia de Turquía, y que se ha convertido en un «cementerio», como lo definió en el avión que lo llevó desde Roma.

Al llegar al aeropuerto de Mitilene a las 10.05 locales (4.05 de Argentina), Francisco mantuvo un encuentro privado de 20 minutos con el primer ministro Alexis Tsipras, quien lo recibió en el lugar y le agradeció su mensaje «contra la guerra y por la acogida, en épocas en que otros líderes cristianos construyen muros y barreras».

Durante el encuentro, Francisco y el líder griego convinieron en que «la crisis de refugiados es un problema europeo e internacional que pide una respuesta comprensiva que respete las leyes europeas e internacionales», según comunicó el portavoz papal Federico Lombardi.

También se subrayó la necesidad de proteger a quienes arriesgan la vida cruzando el Mar Egeo y el Mediterráneo, combatiendo las redes de tráfico de personas, eliminando las rutas peligrosas y diseñando procedimientos seguros de asentamiento en Europa».

En el avión que lo transportó a Lesbos, el Pontífice aseguró que se trataba de «un viaje signado por la tristeza. Un viaje triste», frente a «la catástrofe humanitaria más grande después de la Segunda Guerra Mundial».

Tras el viaje, el Pontífice emprendió su regreso a Roma poco después de las 15 (9 de Argentina), donde tiene previsto aterrizar dos horas y media más tarde.

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