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Zamorismo: Un poder omnívoro que se devora a sí mismo

Durante años en manos del propio Gerardo Zamora, y luego de su mujer, el poder omnívoro se ha devorado a todo aquel que ha osado interponerse en su camino, es así como políticos y periodistas han ido a parar entre rejas, sin que la justicia les otorgue la más mínima garantía como administradora de seguridades jurídicas.

Por Juan Pablo Suárez

Durante años en manos del propio Gerardo Zamora y luego de su mujer, el poder omnívoro se ha devorado a todo aquel que ha osado interponerse en su camino, es así como políticos y periodistas han ido a parar entre rejas, sin que la justicia les otorgue la más mínima garantía como administradora de seguridades jurídicas. Más bien, el poder judicial durante estos casi 12 años actuó como un brazo ejecutor de encomiendas que el variopinto le asignaba sin importar las formas, ni la legalidad, pasando por encima de todo resguardo individual. De esta manera, con el poder absoluto de un lado y el temor extremo del otro, en una población que lleva el silencio en su ADN, el «Frente Cívico» pudo crear un régimen del terror, apoyado por un sistema policíal y parapolicial que como grupo de tareas y continuando la función que le diera el multiprocesado Musa Azar, mejorada y adaptada a los tiempo que vivimos, realizó las tropelias más inenarrables.

La suma del poder

Vistas así las cosas caemos en cuenta de que los Zamora acumulaban en sus manos la suma del poder, sobre todo si agregamos que el tercero de los poderes, el Legislativo, es una especie de escribanía de gobierno que ha refrendado y convertido en Ley hasta las aberraciones mas inéditas, siempre y cuando la orden emanara del matrimonio real, que ha puesto y sacado, nombrado y destituido a su antojo y placer creando en la población más de una década de sensaciones de zozobra y angustia, inventando algo a lo que nosotros denominamos “EL HAMBRE JUSTO”,  un sistema mediante el cual la mayor parte de la población depende en algún sentido del Estado provincial, pero sin autonomia suficiente para crecer y desarrollarse, ninguno de los actores en cuestión lo logrará sin una vigilancia exhaustiva. Ese es el modo en el que el zamorismo ha cosechado los odios que hoy bien se merece.

Un poder que se devora a sí mismo

Los vientos de un nuevo gobierno dejaron al mendocino y a su mujer sin la cobertura del paraguas político con el que contaban durante el kirchnerato. De esta manera ha debido comenzar a entregar a los propios que deben soportar que el fuego amigo los liquide, sometiéndolos a una justicia que ahora también fue entregada. Para realizar un juego de paralelismos diremos que si fuera ajedrez, Gerardo Zamora ha comenzado a entregar sus alfiles (Ministerio de Producción y Salud) y hoy se ve obligado a entregar sus torres (jueces del crimen local). Todo, absolutamente todo será posible mientras queden indemnes y puedan salir airosos “EL REY Y LA REINA”.

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