El jueves a la madrugada, “Ayelén”, una travesti de 24 años, salió de un boliche y tomó un taxi. En un momento le pidió al chofer que se detuviera y bajó a orinar.
Fue allí donde los cruzó un patrullero, y dos policías los llevaron detenidos a la comisaría 2ª.
Según lo denunciado, allí ella fue violada y el taxista, ultrajado; pasaron casi 24 horas en el “chancho”, la celda de castigo; y al hombre no le devolvieron la billetera ni los casi 100 pesos que llevaba.
“Ayelén” se puso en contacto con una compañera, quien llamó al doctor Carlos Garmendia, abogado de la Fundación María de los Ángeles y representante por la acción civil en el juicio por Marita Verón.
En esa comisaría, el letrado hizo que le tomaran la denuncia al chofer. “Ayelén” la hizo directamente en la Fiscalía 6ª.
Ambas víctimas coincidieron en que los mismos policías que los detuvieron, fueron quienes, ya en la cocina de la seccional, los hicieron quitarse las ropas y quedarse completamente desnudos. Un rato después el chofer fue llevado al “chancho”, y “Ayelén” le contó que había sido violada. “Los dos policías me violaron”, confesó.
El “chancho” o “chanchito” (llamado así por lo nauseabundo) es una pequeña celda de un metro por dos. “El lugar se encontraba sucio. Había mucho olor a orina y había orina en un balde. No había ventanas ni luz”, contó el taxista. De allí los sacaron para hacerles firmar una declaración, sin permitirles leerla, y volvieron a llevarlos al calabozo, donde más tarde, los policías metieron a dos personas más.
“Uno de los hombres le contó al taxista que los policías le habían pedido 2.000 pesos para dejarlo en libertad. A mí me pidieron 500“, relató “Ayelén”.
Por su parte, el abogado indicó que la multa por una contravención es de 30 pesos.
“Ayelén” no sabe los nombres de los policías que la violaron, pero sí podría identificarlos. “Deben ser separados inmediatamente de sus cargos, al igual que el comisario y el subcomisario a cargo de la seccional 2ª”, reclamó Garmendia.



