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Piba de fierro. La que no sabe si hoy vuelve a casa

POR AGOSTINA SUAREZ

Piba de fierro. La que no sabe si hoy vuelve a casa. La que se llena de coraje antes de agarrar la llave y cruzar la puerta. Esa que camina por las calles, no siendo libre, sino valiente. Saludaste a tu mamá antes de salir. “Cuídate mucho nena, avisá cuando llegues.” Te enseñaron a ser invisible. Cuidándote te ataron la vida. Te enseñaron a ser valerosa cuando salís a la calle porque hubo quien no enseñó que la vida de alguien se respeta y no se quita por placer.
Hoy me desperté, tomé mates con mamá. Vi tu foto, te encontraron. El titulo no me gusta, dicen que no se toparon con vos, sino con tus restos. Se me estruja el corazón. Mamá dice que es una pena, que me cuide mucho porque tiene miedo que termine como vos. Piba, no quiero terminar como vos. No quería que vos terminaras como vos. Me levanto, agarro las llaves y cruzo la puerta. Como vos hiciste ese día antes de desaparecer. Me acomodo el abrigo (y el miedo) y camino por la calle. Con la incertidumbre de quien puede estar al acecho. Como vos sentiste ese día, que te desaparecieron.
No llegué a las tres cuadras, ya me dijeron que con mi cola harían un montón de cosas que no quiero ni pensar. A la décima escucho un baboso “¿Tan bonita y tan solita?”. Respiro, no digo nada. No vaya a ser cosa que trate de desfigurar la cara bonita que dijo que tenía. Subo al bondi y está lleno. Pesadilla. Me agarro fuerte de la barandilla (y de mi valentía) mientras me muevo tratando que el de atrás no me apoye. Llego al bar y te veo de nuevo en la tele, hay algo diferente en el título. Dice que liberaron a tu asesino, veo a tu vieja pidiendo justicia. Por vos, por todas las que ya no están.
Vuelvo a casa. De noche. Sola. Rápido, es tarde para andar solita por la calle. El auto que pasó dos veces por el mismo lugar, vuelve a hacerlo y se me hiela la sangre. Me apuro, falta poco para llegar. Para cerrar la partida en modo survival en este juego de la vida, al menos por hoy.
Piba de fierro, se terminó el día. Tuve suerte. No fui otra Ángeles Rawson, ni otra Candela Rodríguez. No fui otra Micaela García, ni otra de las miles de pibas que me faltan nombrar. Llegué a casa. Hoy sobreviví, piba de fierro. Dame fuerza para mañana.

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