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Para la Cámara Federal, en la última década existió «una práctica de corrupción enquistada en el corazón del gobierno»

La Cámara Federal describió a los cuadernos del chofer Oscar Centeno como «testimonios de la realidad». «El más detallado que se pueda tener sobre una práctica de corrupción enquistada en el corazón del gobierno de la última década», señalaron los camaristas Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi.

«En ellos se relatan infinidad de trayectos por las calles de esta ciudad y del Conurbano, cientos de nombres y de lugares, múltiples escenas surcadas por un mismo denominador común: el dinero», detallaron, y señalaron que esa plata circulaba en «bolsos, mochilas y bolsas, tanto en residencias como en vehículos, en hoteles o en la vía pública, desde los más diversos orígenes, pero con pocos puntos de destino».

Para la Cámara hubo dos destinos comunes en donde terminaba el dinero: «los domicilios del matrimonio presidencial, el de las calles Uruguay y Juncal de esta ciudad como el de la Quinta Presidencial de Olivos». El otro es la vivienda de Roberto Baratta, subsecretario de Coordinación del Ministerio de Planificación, y quien recaudaba la coimas de los empresarios en las oficinas a las que lo llevaba Centeno.

El matrimonio presidencial es Néstor y Cristina Kirchner, considerada la jefa de la asociación ilícita. «Al asumir la presidencia de la Nación, Néstor Kirchner no sólo habría traído consigo el modelo de gestión que desarrollara en sus años como gobernador de Santa Cruz, con él se importaría también un sistema de recaudación paraestatal, centrado principalmente –por su volumen- en la concesión de la obra pública, sin descartar otras formas recaudatorias de ingresos espurios», describieron Bruglia y Bertuzzi, y agregaron que «es en Néstor Kirchner y Cristina Fernández donde el círculo termina por cerrarse».

Para los jueces «no se trató de una simple organización criminal ubicada en estratos medios del escalafón administrativo». «Su estructura piramidal con eje en los máximos representantes del Poder Ejecutivo del Estado nacional le dio características extraordinarias: de inusual y poderosa capacidad de acción, medios extraordinarios basados en la estructura jerárquica para lograr sus fines y, sobre todo, de una impunidad sin precedentes. Corrupción con rasgos definitivos de gravedad y descomposición institucional, increíblemente prolongada en el tiempo», señalaron.

Debajo de Cristina Kirchner en la organización estaban el ex ministro de Planificación Federal Julio De Vido y Baratta.

También formaron parte de la asociación ilícita el empresario Carlos Wagner y el financista Ernesto Clarens, dos de los arrepentidos del caso; el también empresario Gerardo Ferreyra y otros ex funcionarios de segunda línea del Ministerio de Planificación.

«Los distintos funcionarios y particulares que la integran operaban como los engranajes de un mecanismo atravesados por esa finalidad recaudatoria, que los convoca e identifica como pertenecientes a un mismo colectivo encuadrable como asociación ilícita».

La Cámara dio por válidas las anotaciones de Centeno que fueron cuestionadas por las defensas porque sus originales fueron destruidos. Pero el tribunal sostuvo que la medidas de la causa «sirvieron para dar credibilidad y corroborar los relatos de los cuadernos», lo mismo que las declaraciones de los arrepentidos Wagner y Clarens, a quienes los camaristas le dieron un rol clave en lo que revelaron.

 

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