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Nahir declaró que los disparos fueron “accidentales”

Nahir Galarza declaró ayer por tercera vez ante el fiscal Sergio Rondoni Caffa y brindó detalles íntimos sobre el vínculo que tenían con Fernando Pastorizzo. Durante la declaración, sostuvo que los disparos fueron “accidentales” y advirtió que fue Fernando quien agarró el arma homicida en una primera instancia.

Según reveló la joven en esta oportunidad, el pasado 29 de diciembre a la medianoche, habría coordinado con Fernando el retiro de un cargador de celular que había quedado en la casa de la víctima.

“Cuando llego, salió re enojado, porque no le atendía el teléfono. Me dijo que era una ‘enferma’, que nunca le atendía, entonces yo solamente le dije que fui a buscar el cargador y que me iba”, declaró Nahir, que durante buena parte de su exposición se mostró angustiada y tuvo que interrumpir en varias oportunidades el relato debido al llanto.

“Él me dijo que me iba a llevar a mi casa. Entonces, para no complicar las cosas le dije ‘está bien’. Cada vez que él estaba enojado o alterado yo le respondía que estaba bien, haciendo lo que él quería para que se calmara. Además, él sabía cómo manipularme, porque me conocía hace bastante y sabía qué palabras decirme para que a mí me duela. Él hacía lo que quería conmigo”, contó Nahir.

Según declaró la detenida, cuando llegaron Fernando le pidió si podía ingresar para “hablar bien” y afirmó que al pasar por la cocina él “agarró el arma” del padre de Nahir que estaba sobre la heladera.

Los celos fueron también una constante en el relato de la chica, que asegura haberle contado a Fernando que se veía con un joven de nombre Rafael, lo que habría provocado el enojo de la víctima y una aparente violencia física.

“Después estuvimos hablando bien y me convenció de tener relaciones y cuando terminamos, empezó a reprocharme por los chicos con los que me veía. También me decía cosas por lo que había pasado el 25 de Navidad, que mi amiga le había pegado, porque él me estaba insultando, que era un ‘trola’ y, además, porque me había visto dándome un beso con un chico de nombre Rafael”, manifestó ante el fiscal.

Al tiempo que destacó: “A mí me daba impotencia porque después que se sacaba las ganas me decía cosas, y le dije que no me hablara más y le conté de este chico, que se llamaba Rafael y que hacía tiempo que me hablaba con él”.

Además, habló del aparente mal temperamento que tenía la víctima y dijo que tenía “ataques de ira”. “Yo siempre digo que le daba un ataque de ira, porque se enojaba, empujaba, tiraba cosas. Cuando le digo eso (de Rafael) me tira de los pelos, me empezó a decir un millón de cosas, a insultar, me decía que era una desesperada y me había dicho una palabra que él sabía que me afectaba: me dijo que era una desaprensiva”, remarcó.

Según la acusada, fue Fernando el que le insistió para irse juntos y sostuvo que fue él quien agarró el arma y la “apuntó a la panza”: “Cuando pasamos por la cocina, él agarró el arma de nuevo y me apuntó en la panza, y me dijo que yo me iba con él, porque yo era de él (…) Me tiró de la escalera, de los pelos, y cuando llegamos al patio me abrazó como si nada, y me dijo que si yo quería que él se calmara, que haga lo que me pedía”.

“Cuando íbamos por Costanera me empezó a hacer preguntas agresivamente, a decir que era una zorra, que seguro lo había visto (a Rafael) antes de verme con él, que era mentira lo que decía de Rafael. Después agarra por Bolívar y en un momento yo me quiero tirar de la moto y él acelera con todo. Le quise sacar el arma, pero él la tenía sostenida con una mano”, relató.

Y declaró cómo fue el momento exacto del crimen: “Cuando llegamos a la calle de la casa de mi abuela iba tan rápido que cuando dobló perdió el control de la moto y en ese momento me agarro de él, él agarra la moto con las dos manos, casi nos caímos, y cuando me agarro de él le saqué la pistola. Ni siquiera miré cómo la agarré. En ese momento frena de golpe y yo sentí la primera explosión, y ahí nos caímos los dos de costado”.

“Me alcanzo a parar y como no entendía nada, empecé a temblar; me quedo como sorda, quedé como boba y fue todo rápido; me agacho para mirarlo y ahí es donde sale la segunda explosión que me sorprendió. Me quedé de nuevo sorda, y ahí reaccioné y tiré el arma al piso. No sabía qué hacer, estaba nerviosa, temblando, no sabía qué había pasado”.

En varias oportunidades manifestó también que se trató de un “accidente”. “No supe qué hacer. Me pudieron los nervios. Nunca en mi vida se me cruzó en la cabeza que podía matar a una persona, ni siquiera por todo el maltrato que me hizo”, concluyó, antes de ser llevada nuevamente a la Comisaría de la Familia y el Menor, donde se encuentra detenida.

 

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