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La misa en Luján de los gremios combativos provocó una fuerte polémica en la Iglesia

En tiempos de grietas ni la Iglesia se salva.La reciente realización de una misa y una invocación ecuménica frente a la basílica de Luján que convocaron un puñado de gremios combativos –y que contó con la adhesión de los movimientos sociales- disparó una fuerte controversia en la Iglesia por la autorización que prestó el arzobispado de Mercedes–Luján -la autoridad eclesiástica competente– y, sobre todo, porque su titular, monseñor Agustín Radrizzani, presidió el oficio religioso.

Los críticos sostienen que la decisión fue imprudente porque la Iglesia quedó pegada a los sectores más opositores al Gobierno, en particular a muchos que hoy abrevan en el kirchnerismo. Y porque entre los gremios organizadores se contó el de Camioneros, que lideró Hugo Moyano y en el que está actualmente al frente su hijo Pablo, ambos asediados por la Justicia por causas de corrupción y lavado y que le achacan a la Casa Rosada su “persecución judicial”.

Desde el arzobispado de Mercedes – Luján se defienden diciendo que no podían negarsea oficiar una misa en la que se iba a pedir “pan, paz y trabajo”, como decía la convocatoria, que iba a terminar -como ocurrió– con una invocación interreligiosa y el rezo de la “Oración por la Patria”. Y que se puso como condición que no hubiera consignas partidarias, ni declaraciones opositoras para garantizar el carácter religioso de la convocatoria.

Pero la movida le pareció riesgosa a la Pastoral Social (el área específica de la Iglesia para este tipo de actividades), que salió a decir que no adhería. Su presidente, el obispo Jorge Lugones, pudo palpar la semana pasada lo caldeados que están los ánimos en el país luego de que recibió a Moyano y ello se leyó como un apoyo ante el acoso judicial que sufre. De poco sirvió que la comisión aclarara que la reunión esta fijada desde hacía tiempo.

 

No sólo hubo temor de que se leyera la convocatoria como partidizada entre los católicos. La Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA) – que nuclea a más del 80 % de las comunidades evangélicas del país – dejó trascender que el pastor que participaría de la invocación interreligiosa no pertenece a su conglomerado. En rigor, fue un metodista que sintoniza con las posiciones del kirchnerismo.

El líder de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, Juan Grabois, que adhirió, pero no pudo asistir por un compromiso familiar, defendió la convocatoria. “Estas críticas ya la hacían durante los gobiernos de Néstor y Cristina exponente del neoliberalismo que quieren una Iglesia encerrada en el templo y sin denunciar las situaciones de injusticia social, pero eso es inconcebible para las religiones”.

En la homilía de la misa monseñor Radrizzani fue severo en su crítica a “la especulación financiera” que se preocupa por acumular ganancias en perjuicio de la producción y el trabajo y llamó a construir una economía “con rostro humano”. Pero los referentes de las otras religiones formularon duros cuestionamientos que apuntaron, si bien de modo indirectos a la Casa Rosada.

Radrizzani dijo tras la misa que no quiso contribuir a profundizar la grieta. Pero la presencia dominante de referentes kirchneristas y gremialistas muy cuestionados dejaron la impresión de una ceremonia partidista que, en definitiva, daña a la Iglesia y cae mal en amplios sectores de la sociedad.

Porque más allá de los graves problemas sociales, que las propias confesiones denuncian, las religiones deben estar por encima de las fracciones políticas. No sólo deben estar por encima, sino parecer que lo están.

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