Nacionales Policiales

La anarquista que detonó la bomba en el cementerio de la Recoleta irá a juicio: perdió tres dedos, no puede comer sólidos y tiene una mano inmóvil

La secuencia afiebrada de bombas y explosiones del 14 de noviembre del año pasado, a pesar de toda su torpeza, cumplió su fin: le hizo saber al sistema penal de la República Argentina que el anarquismo violento en el país no es un anacronismo de principios del siglo pasado. Las bombas demostraron que el anarquismo argentino en pie de guerra no se trata de «infiltrados» o «servicios», una acusación que solía venir de ciertos sectores del kirchnerismo, incapaz de tolerar a un grupo de insurgentes que no le es útil o fiel. Demostraron que el anarquismo está activo y se mueve. Demostraron que existe.

Ayer por la mañana, el juez federal Julián Ercolini elevó a juicio oral la causa de los militantes que colocaron esos explosivos. Primero, Marco Nicolás Viola, de 27 años, changarín en situación de calle según él mismo, habitué de ferias y actividades ácratas en el conurbano bonaerense, el joven que echó a rodar una bomba bajo el auto del juez Claudio Bonadio en su casa de Belgrano, un precario artefacto de pólvora y una garrafa de butano capaz de generar esquirlas.

Luego, Hugo Alberto Rodríguez y Anahí Salcedo, que intentaron volar la tumba de mármol de Ramón Falcón, el jefe de la Policía Federal enterrado en el cementerio de la Recoleta, a 109 años de su asesinato a manos del también anarquista Simón Radowitzky.

La bomba del cementerio, una cosa cruda, pobre, mal hecha, caños rellenos de pólvora con un temporizador tomado de un horno, hirió gravemente a ambos. Salcedo terminó bajo un coma inducido en el hospital Fernández, su cara quedó desfigurada, sostenida por alambres. Dejaron una chapa en la tumba de Falcón con una leyenda grabada, «SIMÓN VIVE EN EL CORAZÓN DE LXS INSURRECTXS», decía.

La chapa estaba firmada por una sigla, la de la CAI, un grupo que giraba alrededor de un grupo cerrado de Facebook: el Colectivo Anarquista Inconfidentes.

Salcedo y Rodríguez tras la explosión. (Imagen: TN)

Salcedo y Rodríguez tras la explosión. (Imagen: TN)

Junto a Viola, Rodríguez y Salcedo fueron enviados a juicio otros ocho acusados, casi todos ellos inquilinos de la casa tomada por punks que Salcedo y Rodríguez frecuentaban, el okupa de la calle Pavón en Montserrat. Fueron detenidos allí por la Federal al día siguiente de las explosiones, en una redada en donde se encontraron pintadas y banderas y objetos que podrían ser transformados en explosivos. El okupa de Pavón era un lugar ya conocido para el underground porteño. Había funcionado como espacio cultural, como academia de kickboxing amateur. De allí salió Ariel Gerez, «El Largo», otro punk, que mató a puñaladas al baterista del grupo Superuva en un recital en Quilmes.

Ningún planteo de las defensas de los acusados fue recibido favorablemente a lo largo de la marcha del expediente. Todos continuaron detenidos, a pesar de pedidos de defensores oficiales para revocar procesamientos, con decisiones de la Cámara Federal que confirmaron procesamientos y mantuvieron a los acusados en la cárcel. Entre ellos hay una mujer y su hijo de 27 años: el concubino de la mujer y otro hijo suyo declararon a su favor, aseguraron que vivían en el okupa de Pavón no por anarquistas, sino porque no tenían ningún otro lugar adónde ir. El testimonio no fue suficiente para Ercolini, que decidió elevarla a juicio de todas maneras.

Sangre y esquirlas en la tumba de Ramón Falcón, 14 de diciembre de 2018.

Sangre y esquirlas en la tumba de Ramón Falcón, 14 de diciembre de 2018.

El intento de volar la tumba de Ramón Falcón no le pareció un gesto simbólico al juez Ercolini. El magistrado federal habló en su decisión de ayer de la comisión de delitos contra la seguridad común» con el «objeto de infundir temor público como modo de imponer sus ideas y combatir las ajenas, así como para generar conmoción social, tumultos y desórdenes».

Salcedo se presentó en los tribunales de Comodoro Py en enero, citada a indagatoria, ya despierta de su coma en el hospital Fernández, luego de ser trasladada al penal de mujeres de Ezeiza, donde sigue hasta hoy aislada de un pabellón común. Se negó a declarar, ni siquiera dejó un escrito, un reflejo de su fuerte postura antisistema.

Había cierta curiosidad alrededor de Anahí cuando compareció en Retiro. Los empleados judiciales se preguntaban cómo se veía, «qué tal quedó» después de la bomba. «Bastante bien», dijo uno que llegó a verla, mientras hablaba de la cicatriz en el lado derecho de su cara. Quizás sea un error. Salcedo, aislada en una celda junto a otra compañera de causa, todavía carga las consecuencias de la bomba que le explotó en la cara.

Pintada en la marcha del G20 en reivindicación de Salcedo.

Pintada en la marcha del G20 en reivindicación de Salcedo.

«Le faltan tres dedos de la mano derecha», dice su abogado, Eduardo Soares: «Tiene los muñones en carne viva, no pudo curarse bien, para ella agarrar un mate es una tortura. Te habla, entiende, cognitivamente está bien, pero el resto no, no está bien de salud».

Salcedo, dice el abogado, fue retirada de manera prematura del Fernández, «un mes antes, por orden de Ercolini». «También tiene la clavícula comprometida, su mano izquierda está casi inmobilizada, tuvo varias infecciones en sus heridas«.

Soares presentó un hábeas corpus por la situación de Salcedo ante un juzgado federal de Lomas de Zamora, la jurisdicción que le corresponde al penal de Ezeiza. Anahí presentó otro ella misma: ambos pedidos todavía no fueron resueltos. «Podría haber hecho rehabilitación un mes más, se estaba recuperando bien», dice el abogado. En el Fernández, por ejemplo, se llevaba a cabo una reconstrucción maxilofacial con alambres que está incompleta, lo que lleva a que Salcedo no pueda comer sólidos, con una dieta líquida y blanda.

El abogado habla de mala atención médica, fuentes penitenciarias hablan de una reprogramación por «problemas médicos» de una interconsulta de Salcedo en el Fernández, hecha desde el hospital mismo.

Por lo pronto, Soares quiere que Anahí vaya a juicio lo antes posibles. Cree que hay atenuantes que la benefician: falta de antecedentes penales, que la bomba que explotó, principalmente, la daño a ella, y no a la tumba de Falcón.

Mientras tanto, el movimiento libertario la reivindica con pintadas. Hay una pequeña revista que circula, llamada Destruir para Destruir, dedicada a ella, a Viola y a Rodríguez. «Que estas palabras por más frágiles que parezcan sirvan como medio para respirar la libertad desenfrenada e ir más allá… por la destrucción de este mundo y sus fantasmas», dice la publicación.

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