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En Santiago del Estero, el precio de la verdad

Una sentencia periodística atribuida en los últimos tiempos a  George Orwell afirma que “el periodismo es publicar lo que alguien no quiere que se publique; todo lo demás son relaciones públicas”. La autoría de la frase tiene un largo debate no resuelto aún.

Más allá de a quién pertenece, la sentencia no deja de tener rigor de verdad sobre el rol del periodismo.

La verdad, o la búsqueda de ella, esta embrionariamente unida a la tarea de los periodistas y de la prensa en general. Su valor supremo no puede ser medido, tasado o convertido en prenda de cambio por dádivas inescrupulosas en favor de menguarla, distorsionarla, esconderla o prostituirla.

Este prólogo intenta reflejar nuestra búsqueda, nuestro compromiso, nuestro intento de honrar la verdad aunque ello resulte un camino áspero y sinuoso. No es fácil. Requiere de una actitud desapasionada y dispuesta al sacrificio de enfrentarse muchas veces con el poder. Ese poder en manos de mentes inescrupulosas o perversas se convierte en peligroso y conlleva amenazas, represalias o persecuciones,  o todas juntas.

En nuestro caso ejercer el periodismo supone asumir una actividad que debe estar naturalizada como un pilar de la democracia que busque equilibrio frente a posibles abusos de un poder desbocado, descontrolado y abusivo.

Han intentado callarnos y estuvieron cerca de lograrlo a fuerza de presiones y persecuciones. Estuvimos cerca de claudicar a nuestra vocación.

Pero un impulso misterioso, nos insufló ánimo en el espíritu para no caer. No seguir significaba callarnos y el silencio es el mejor cómplice de los perversos.

Sabemos que la senda será escarpada, nada fácil, pero debemos reafirmar y reafirmarnos hasta el cansancio que la libertad y la verdad no pueden tener precio. Por ello intentaremos que ambas no sean rematadas como baratijas por el actual régimen de Santiago del Estero. Los santiagueños no podemos permitirlo, no nos lo merecemos. No podemos permitir ese fatalismo, no puede ser ese nuestro destino.

Santiago del Estero ha caído en manos de inescrupulosos que montaron un régimen peligroso que ha corrompido hasta los más profundos cimientos los valores republicanos, que ha gangrenado la democracia con las peores prácticas, que ha abolido de facto las libertades y garantías de los santiagueños expresadas en nuestras constituciones nacionales y provinciales, tanto ciudadanos de la Nación, tanto ciudadanos de la provincia.

El régimen instaurado en nuestra provincia no detiene su pandemia autoritaria y antidemocrática ante ningún estamento y ha prostituido también de la peor manera a gran parte del periodismo santiagueño, sacándolo de su cauce natural para convertirlo en herramientas “propaganderas” cuando no de persecución y torturas.

No somos paladines, adalides, héroes, ni víctimas ni mártires de nada, tampoco queremos serlo. Solo somos periodistas queriendo serlos en plenitud de derechos y conciencia. La democracia nos lo permite y queremos ejercer ese derecho, aunque parezca extraño tener que enunciar lo obvio. Pero en Santiago del Estero lo absurdo ha dejado de serlo, para ser lo cotidiano, lo natural y no estamos dispuestos a aportar para que esto se acuñe como marca en nuestra provincia.

En Santiago no hay libertades, no hay garantías, no hay justicia. Hoy son sólo enunciados utópicos.

La persecución y el miedo han reemplazado a las esperanzas y los sueños de los santiagueños. Pensar distinto en Santiago del Estero es un crimen tipificado penalmente por el régimen gobernante.

Los opositores o críticos del régimen feudal son perseguidos, encarcelados, torturados, cuando no sometidos al escarnio público de medios y de periodistas mercenarios y cómplices, por el sólo hecho de pensar distinto o no someterse a la voluntad del autoritarismo reinante.

Excepto minúsculas y extrañas excepciones, la justicia de Santiago del Estero se ha transformado en oficinas públicas que albergan apologistas del régimen, desapegados a la ley, serviles de la sinrazón, un verdadero ejército de inquisidores al servicio del poder convertido en verdadero proxeneta de jueces de probada incapacidad moral.

El silencio es el mejor cómplice de los dictadores, siempre lo fue. Se puede tener miedo, es lógico, es humano, pero mirar siempre para otro lado, hacerse el distraído también es peligroso porque nunca se sabe cuándo la mente afiebrada del tirano puede creer que  estar con la cabeza gacha es no querer mirarlo y esto provocar su ira y terminar sufriendo las consecuencias. Nunca se está lejos de ser tocado por el péndulo del perverso.

En Santiago nada cambió con el cambio. Mientras a nivel nacional la corrupción esta sitiada por algunos estamentos sanos de la justicia argentina, en nuestra provincia la opresión sigue intacta, camina impune, soberbia, señala amenazante, porque el aire no cambió, seguimos cubiertos de la misma atmósfera espesa y putrefacta que arrastramos hace 14 años. Nada cambió, solo algunas caras distintas que visitan Santiago, pero el aire democrático santiagueño sigue contaminado.

No vamos a ser partícipes del silencio cómplice, no podemos, nos lo debemos a nosotros y a nuestros hijos. No seremos escribas pagos del proxenetismo que gobierna nuestra provincia y seguiremos hasta donde nuestras fuerzas nos permitan, porque seguimos soñando con un Santiago con libertades, garantías y obligaciones. Así de simple y paradójico, seguimos soñando con un Santiago del Estero democrático.

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  • Impecable y sublime analisis de una realidad que conmueve. La verdad siempre triunfara. La prensa libre sera la que hara abortar los intentos de transformar en emiratos faccipsps a tierras y pueblos que gritan el pedido de libertad.

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