No parecen señales de independencia, sino de disputa doméstica y de dureza con el Gobierno. Ese cuadro, por supuesto, genera incertidumbre. Y es un dato fuerte en este año electoral con economía complicada.
Otra dimensión -más matizada y menor pero nada desdeñable- tiene este primer gesto del peronismo en el Congreso y en el arranque político de 2019.

Los distintos sectores del PJ y el kirchnerismo confluyeron para votar en bloque en la comisión bicameral encargada de revisar los DNU. Empataron de ese modo con el oficialismo y le dieron así a un legislador de La Cámpora la llave para rechazar el decreto sobre extinción de dominio.

En el oficialismo, destacaban después tres puntos. El primero, práctico: el DNU debería ser ahora rechazado por las dos cámaras para caer. El segundo, de valoración: el peronismo en todas sus vertientes queda así expuesto como la fuerza que impide la recuperación de bienes generados por la corrupción. Y la tercera, producto de la anterior y de algunos sondeos: algunos creen que hay margen para evitar el fin del decreto en el recinto o para tratar la postergada ley de extinción de dominio.

El fallo de la Corte y este capítulo legislativo marcaron ayer un día político realmente denso. Es imposible pronosticar si anticipan la tensión de la disputa que viene. Pero asoma claro que con esas preocupaciones, también por sus posibles estribaciones económicas, se las deberá ver el Gobierno de manera creciente.