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El mapa de la definición

Para el año que viene quedarán siete fechas, de las cuales serán cuatro de local: sería muy difícil que a Boca se le escape este campeonato”. Como ocurrió con su propio ciclo al frente del equipo, la frase de Gustavo Alfaro del pasado 24 de noviembre no envejeció muy bien: Boca acababa de ganarle a Unión, era el líder de la Superliga y Lechuga todavía no había recuperado su vida. Acaso se tratara más bien de una auto-reivindicación de su gestión y un recurso discursivo pensando en su propio legado: que nadie olvide que si Boca es campeón él fue el artífice principal (no sería falso), pero sobre todo que si Boca pierde el torneo será sólo porque un sucesor hasta entonces desconocido chocó la calesita (sí, eso sería falso). Después de ese partido Alfaro sacó un punto de seis y lo demás es historia conocida. Hoy no parece muy difícil que a Boca se le escape la liga básicamente porque está detrás de River. Y tampoco parece imposible que se le escape a River: detrás está un Boca que no le pierde pisada.

El final de este torneo representa un mano a mano más en la historia moderna de los superclásicos. Por ahora, un mano a mano indirecto. Sólo por ahora: a tres fechas del final, no suena a locura pensar en un eventual desempate que ponga otra vez frente a frente a los dos equipos más grandes del país con un título de por medio. Y es que la cosa no está simple para ninguno de los dos en un campeonato que, como sucede hace décadas en España entre el Barcelona y el Real Madrid, parece definirse más por la resta que por la suma: como si los dos grandes ya tuvieran presupuestado ganar todos sus partidos y la diferencia, en realidad, apareciera cuando a alguno se le escape algún que otro puntito por ahí.

Entonces a River le alcanza con perder dos puntos para ser campeón y con tres para asegurarse un eventual desempate, pero deberá transitar un camino que a priori es mucho más bravo de acá al final. Con repasar el fixture de los dos y tener una tabla de posiciones a mano alcanza: Boca enfrentará a tres de los cuatro peores del campeonato, con dos de esos partidos en casa. Y River tendrá partidos más bravos, empezando por el del domingo contra Estudiantes en La Plata y cerrando con Atlético Tucumán en una cancha en la que perdió 3 a 0 la última vez que jugó (probablemente la última vez que lo superaron con claridad), en mayo del año pasado. Por supuesto, la ventaja es de tres puntos y también es futbolística: River es, por lejos y desde hace mucho, el mejor equipo del fútbol argentino. En el juego hay más de un partido de diferencia con el rival de toda la vida, pero en la rasante realidad cuesta pensar que Boca pierda puntos contra clubes que deambulan por el fondo de la tabla como Godoy Cruz, Colón o Gimnasia. Y River, que supera en funcionamiento a todos, viene ganando muy ajustado: en algunos mereció golear, en otros no tanto, pero en los cinco partidos que jugó este año debió sufrir los minutos finales.

Lo cierto es que aunque algunos en Boca se molesten con cierta razón, el clima general dice que ésta es la Superliga más importante de todas las que se jugaron en los últimos tiempos. Claro: técnicamente vale lo mismo que las que ganó Guillermo (incluida una con River merodeando la punta en las últimas fechas), pero la diferencia es que esta vez no hay una Copa Libertadores en medio de la definición que le baje un poco el precio. Acaso por eso River parece más enfocado que nunca en un torneo local durante el ciclo del Muñeco. “Ya nos vamos a amar con la Superliga”, había pronosticado Eme Ge hace un año: tal vez haya llegado ese momento. Dependerá de su propio equipo y por eso, después del 1-0 a Banfield, el técnico prefirió no mirar a los costados: “No nos influye en nada que la pelea sea con Boca”. En todo caso, Gallardo sabe que no puede esperar mucho de los rivales que tendrá enfrente el equipo de Russo: “Debemos mantener la diferencia de tres puntos hasta el final”. Del otro lado, por una cuestión obvia, sí esperan ayuda ajena: de hecho en el cuerpo técnico de Miguel pronostican que de las fechas que quedan será la que viene la que Boca deberá aprovechar para acercarse.

No es fácil jugar con la obligación de ganar”, dijo Russo después de ganar en Santiago. ¿La presión es la misma para los dos? Es relativo: las elecciones en Boca sirvieron para que un equipo que ya no tenía crédito entre los hinchas cargara la SUBE: con Riquelme de escudo, la sensación es que perder el torneo a manos de River no desataría una crisis como las que sobrellevó Angelici últimamente. Y ganar el torneo sería, de alguna manera, liberador para empezar de a poco a dejar atrás una etapa oscura contra los primos. En River el crédito de Gallardo y del equipo ya no se carga: es infinito. Aunque perder un torneo que está más a mano que nunca sería sin dudas un golpe. Y ganarlo sería otra frutilla -por si faltara alguna- en este postre interminable de alegrías y de cargadas, también…

QUIENES ESTÁN AL LÍMITE DE TARJETAS:

River: Nacho Fernández, Borré, Montiel y Casco están al límite de amarillas. Todos son clave para Gallardo.

Boca: el Cali Izquierdoz acumula cuatro amarillas y debe cuidarse. López, compañero de zaga, un mes afuera por lesión.

CUÁNDO JUEGAN EN LAS SIGUIENTES FECHAS:

Domingo 23/2 19.40 Boca-Godoy Cruz y 21.50 Estudiantes-River

A confirmar: viernes 28 Colón-Boca y sábado 29 River-Defensa y Justicia

Ultima fecha: si llegan ambos con chances, jugarían el domingo 8: Boca-Gimnasia y Atlético de Tucumán-River

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