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El kirchnerismo, Jaime y las coimas: de Once a Odebrecht

Ricardo Jaime fue secretario de Transporte de la Nación durante seis años. Lo eligió para ese cargo su amigo de Santa Cruz Néstor Kirchner y lo ratificó Cristina Fernández de Kirchner, así lo informa el medio digital Infobae.

Es ingeniero agrónomo y en Santa Cruz había ocupado varios cargos, entre ellos el de secretario de Educación. Sin experiencia alguna en el área de Transporte, Jaime llegó a Buenos Aires en mayo de 2003.

En julio de 2003, es decir a menos de dos meses de asumir, cobró su primera coima comprobada. Estaba claro que su sistema de conducción iba a ser el de la perinola: todos ponen.

El primer soborno se lo pagó el dueño de la Terminal de Ómnibus de Retiro Néstor Otero, quien en julio de 2003 decidió que debía abonarle el alquiler mensual del departamento que Jaime ocupaba en Retiro. Por eso fue condenado. Y Otero-que pugna actualmente en la licitación por quedarse con Retiro y que tiene buena relación con el macrismo- fue favorecido con una probation.

Otra de las coimas probadas se la pagó la firma Trenes de Buenos Aires (TBA) que explotaba el Ferrocarril Sarmiento donde se produjo la Tragedia de Once. Jaime viajaba con su familia y amigos en aviones privados que abonó Claudio Cirigliano, el empresario del transporte condenado ayer a siete años de prisión por su responsabilidad en el choque del tren del 22 de febrero de 2012 en el que hubo 51 muertos y más de 700 heridos.

El empresario Néstor Otero y Ricardo Jaime

El empresario Néstor Otero y Ricardo Jaime

Las coimas cobradas por Jaime se tradujeron en falta de control para los coimeadores. La Terminal de Retiro, manejada aún por Otero, es una muestra del abandono y un coto de caza para diferentes negocios de ese empresario. Y según confirmó ayer la Casación, la ausencia de control estatal contribuyó -sin lugar a dudas- para que la empresa privada que tenía la concesión no se ocupara del mantenimiento necesario y sucediera la Tragedia de Once.

Pero estas no fueron las únicas coimas recibidas por Jaime. Ganaba diez mil pesos por mes pero tuvo un avión de cuatro millones de dólares, un yate de un millón de dólares, un hotel, autos, casas, todo aportado por diferentes empresarios a los que debía controlar. Fue descubierto y por eso será juzgado por enriquecimiento ilícito.

El nombre de Jaime también aparece ligado a las coimas que según los delatores premiados de la firma Odebrecht, se pagaron para el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento. Del otro lado del mostrador estaban las empresas constructoras argentinas socias de Odebrecht en el proyecto. Una de ellas es IECSA la firma que en la época de los pagos de coimas era propiedad de Ángelo Calcaterra, primo del presidente Mauricio Macri, quien fue citado a indagatoria junto a otros empresarios importantes de la obra pública. Las coimas en este caso fueron para que las empresas se quedaran con un negocio millonario.

Jaime no era un llanero solitario. No era un “suelto” que se hizo millonario por las suyas. Era uno de los hombres de mayor confianza de Néstor Kirchner, ubicado en un sector del gobierno por el que circularon millones de pesos en obras y en subsidios. Formaba parte de una estructura que se utilizó para financiar la política y construir fortunas personales.

El ex secretario de Transporte no es el único preso de aquella estructura: José López, ex secretario de Obras Públicas, también hombre de confianza de Néstor Kirchner y con la misma jerarquía que Jaime, fue detenido cuando tiraba nuevo millones de dólares por sobre las rejas de un convento. Y además será indagado por las derivaciones del Lava Jato en la Argentina.
Julio De Vido, otro de los hombres que Néstor Kirchner llevó desde Santa Cruz al gobierno nacional, está detenido por irregularidades en Río Turbio y también será indagado por las coimas de Odebrecht.

Julio De Vido junto a Ricardo Jaime, durante la era K (Foto: NA)

Julio De Vido junto a Ricardo Jaime, durante la era K (Foto: NA)

Pero De Vido además está en juicio por la Tragedia de Once y el fallo de ayer en Casación, por el que Jaime fue condenado por administración fraudulenta y estrago culposo agravado, no es auspicioso para quien fuera ministro de Planificación Federal.

A Jaime lo condenaron a ocho años de prisión porque a la pena que le dieron por la Tragedia de Once le sumaron una que tenía por robar pruebas en un allanamiento en el año 2010 y otra por haber admitido las coimas de Otero y Cirigliano.

Jaime cumplió en enero pasado 63 años. Con la condena por la Tragedia de Once, más otras que tal vez les sean dictadas en los otros casos de corrupción en los que será enjuiciado, el ex secretario de Transporte puede llegar a estar un largo tiempo en la cárcel de Ezeiza.

En el accionar de Jaime se refleja un entramado de negocios que va desde Once a Odebrecht con muchas otras escalas.

Ese mecanismo -nacional, provincial y municipal- muestra que para que un funcionario reciba una coima siempre tiene que haber un empresario dispuesto a pagarla para beneficiarse.

El sistema político argentino funciona así y nada parece haber cambiado mucho a pesar de haya que algunos ex funcionarios y empresarios-con distintas pertenencias partidarias- enormemente comprometidos en casos judiciales.

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