Nacionales Policiales

Conmoción en La Tablada por un alumno que disparó al aire y amenazó con cometer una masacre

Este lunes en el colegio Madre Mercedes Pacheco de La Tablada no hubo clases. La decisión esta vez no fue tomada por las autoridades sino por los padres de los alumnos de quinto año, después de que se viralizara un video que muestra a un alumno disparando al aire.

El reclamo de la comunidad educativa apunta directamente a la cúpula del instituto de Villa Insuperable, debido a que no tomaron ninguna sanción ni le impidieron el ingreso al chico que aparece en las imágenes a pesar de que amenaza con «matar a todos» y ser el único sobreviviente de la masacre.

La preocupación de los padres se convirtió en enojo ante la falta de medidas y el hermetismo de los directivos del establecimiento. Así fue como en las últimas horas armaron un grupo de WhatsApp y definieron entre todos que sus hijos no volvieran a clase hasta que les garantizaran su seguridad.

Antecedentes y la masacre en Carmen de Patagones

El chico de 16 años armado en la escuela de La Tablada causó conmoción, pero no se trata del primer caso de menores que asisten armados al colegio.

Hace dos años un alumno de 14 años fue con un revólver calibre 22 cargado en la mochila a un Instituto de La Plata y lo sacó en medio de una clase. Unos meses después, algo similiar ocurrió con un estudiante de la misma edad en un establecimiento de Ramos Mejía, solo que en este caso antes el chico había grabado un video en el que advertía: «Hoy van a morir todos».

A principios de este año, en febrero, otro alumno de 14 fue a una escuela de Santiago del Estero a rendir una materia que tenía previa. Había llevado un cuchillo y como desaprobó el examen, apuñaló a la vicedirectora.

Un 28 de septiembre de 2004, Rafael Juniors Solich entró a la escuela Islas Malvinas de Carmen de Patagones con una pistola Browning 9 mm, mató a tres compañeros e hirió a otros cinco. Fue la primera «masacre escolar» de Latinoamérica y hoy el responsable vive en Ensenada con su familia, intentando mantener en secreto su pasado.

Esa mañana, mientras izaban la bandera a las 7.30, Juniors sabía que iba a ponerle fin a las burlas de sus compañeros, que desde hacía tiempo lo acosaban por su timidez y hasta lo apodaban “Pantriste”. Así fue como llegó al aula y vació su cargador contra ellos.

En ese momento fue declarado inimputable por su edad. Tenía 15 años. Pasó por la comisaría local, por Prefectura de Ingeniero White, por varios institutos de menores y después por otras tantas clínicas psiquiátricas. Recién en agosto de 2007 empezó a tener sus primeras salidas transitorias, que aumentaron progresivamente de 24 a 96 horas por semana, y una década después de la masacre se mudó junto a su familia a Ensenada.

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