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Cómo vivió Mauricio Macri el primer día de la cumbre que soñó durante casi tres años

Mauricio Macri esperó desde junio de 2016 esta primera jornada de la cumbre de presidentes y jefes de estado del G20. Desde que llegó a la Presidencia se impuso que la Argentina rompiera el aislamiento y volviera a integrarse al mundo. Por eso la ex canciller Susana Malcorra tuvo la indicación, y consiguió al poco tiempo de la llegada de Cambiemos el respaldo de una mayoría de países para que se eligiera Argentina cuando llegara el momento de elegir la sede después de Alemania.

El Presidente soñó durante dos años y medio con este momento y, sin duda, es lo que lo mantuvo en pie durante los peores días de la crisis devaluatoria, cuando muchos creían que su Gobierno estaba terminado. El G20 era su punto de llegada y de nueva partida, el momentum donde todos los argentinos se iban a dar cuenta la importancia de que el país tenga un lugar protagónico en el gran concierto de las naciones.

Por eso se sintió tan mal el sábado último, cuando un conflicto dentro de la barra brava de River provocó que un papelón que trascendió las fronteras y puso en duda la capacidad local para llevar adelante la compleja logística de un megaevento de estas características. Por eso se sintió tan bien hoy por la mañana, cuando salió bien temprano desde la Residencia Presidencial de Olivos para dirigirse a la Casa Rosada a mantener una reunión con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Mauricio Macri con Donald Trump

Mauricio Macri con Donald Trump

Quienes lo rodean dicen que Macri demostró su buen humor apenas bajó del helicóptero, a las 6.53 de la mañana. El vínculo que el Presidente tiene con su amigo Donald es notable. Que un hombre áspero y peleador exprese en forma reiterada, para que no quepan dudas, que tiene por el argentino un aprecio particular hasta es motivo de celos en otros países de la región.

Frente a Trump, Macri actúa como un hermano menor y un poco malcriado al que hay que darle cada tanto un aventón para que pueda hacerse cargo de sus obligaciones. Pero el argentino lo contiene también, ayudándolo a Donald a domesticar un poco su rebeldía natural. La familiaridad entre ambos es visible, al punto que en la reunión que se realizó en el despacho presidencial se habló más de cuestiones personales que de política y el visitante que tenía después su bilateral, el premier australiano Scott Morrison, tuvo que esperar un rato para ser recibido.

“Por alguna razón que ellos sabrán, Trump no duda en respaldar a Mauricio de todos los modos posibles“, aseguró una fuente allegada al Presidente. Y resaltó que lo encontró varias veces a Macri agradeciéndole con la mirada a su amigo Donald por tener a la Argentina siempre en sus pensamientos.

Macri arrancó, así, con el pie derecho, distendido, tranquilo, feliz, disfrutando cada minuto de la cumbre, y desplegando sus dotes de anfitrión ante cada líder mundial, trasladándose de un lugar a otro concentrado, sin hacer chistes pero de buen humor, como quien rinde el último final de una carrera difícil y no tiene miedo porque se siente bien preparado.

Con el príncipe de Arabia Saudita, Mohamed-bin-Salman

Con el príncipe de Arabia Saudita, Mohamed-bin-Salman

Tuvo tanta suerte hoy que no estaba en la Casa Rosada cuando se produjo el temblor de 3.2 en la escala Richter que conmocionó a los pocos empleados y funcionarios que estaban y que sintieron claramente cómo se les movía el piso. Cuentan que se enteró más tarde y no entendía muy bien de qué se trataba. Tampoco le dio importancia.

A la noche, cuando terminó el espectáculo “Argentum” en el Teatro Colón y los bailarines de la compañía de Ricky Pashkus entonaron “Argentina, Argentina”, el Presidente se dejó llevar por la emoción. Seguramente orgulloso por el maravilloso espectáculo que imaginó durante meses para homenajear a sus pares del G20 y posicionar la imagen de la Argentina en el mundo, y ya relajado porque se dio cuenta que no hubo ningún problema con la seguridad en la marcha antiglobalización, Macri perdió el temor a expresar lo que sentía.

Todavía queda mucho por hacer en la segunda jornada de la cumbre y un par de días más hasta que vuelvan a su país sus últimos invitados. Habrá que ver qué pasa con el documento final, y esperar cómo se catalizan los grandes debates que dominan la escena internacional, la guerra comercial que tiene a Trump y Xi Jinping como protagonistas y el futuro del planeta por el efecto de los gases invernadero en el cambio climático.

A pesar de la infinita cantidad de problemas irresueltos, Argentina no será la misma cuando termine el G20. El presidente Macri tampoco.

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