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Buscan tapar una muerte: La familia del muerto por el folklorista pide justicia

El Estado opera para tapar la muerte de Jacinto Sosa, un jornalero de 52 años de manos callosas y varios dolores lumbares que terminaron en el parabrisas del folklorista Fabían Lizarraga.

Corresponsalía de Termas de Río Hondo

Terminaban de tomar mates como era de costumbre todo los lunes a la mañana bien temprano para comenzar a prepararse por el largo día que le esperaba a la familia albañil, cuando un reventón les cambió la vida para siempre.

El día anterior habían estado los ocho hijos y la pareja festejando el cumpleaños de mamá, viendo el partido de Boca, comiendo lechón y cortando torta. El día siguiente se reunieron nuevamente sus ocho hijos con mamá pero no estaba papá, porque él estaba en la morgue judicial esperando ser velado y enterrado.

Así de cruda se tiñó de un día al otro la historia de los Sosa del barrio Adela, un barrio humilde de casas improvisadas, donde se sufre un centenar de necesidades e injusticias.

Encima que el Estado está ausente en sus vidas, ahora es el mismo Estado opera para tapar la muerte de Jacinto Sosa, un jornalero de 52 años de manos callosas y varios dolores lumbares que terminaron en el parabrisas del folklorista Fabían Lizarraga que conducía su camioneta Chevrolet a una velocidad excesiva. Una velocidad que lo hizo cruzar de carril y dar de lleno contra el albañil de 52 años que se trasladaba en sentido contrario en su bicicleta para arrojar una bolsa de basura en un relleno sanitario cercano.

La sangre del pobre seca rápido

A penas sucedido el trágico hecho, desorientado el artista empezó a caminar con pasos zigzagueantes y a alejarse de su rodado con la intención de escaparse. Ante la llegada rápida de los lugareños decidió entrar en un casa y jactarse de su popularidad para pedir su socorro, pero jamás el socorro para con la víctima que se encontraba ya sin vida al costado de la ruta. 

“Jamás lo quisimos linchar como dijeron los diarios y las radios locales, como será que nosotros ni siquiera lo vimos en el momento que llegamos, ni lo conocemos de cerca, aparte en ese momento lo único que queríamos era saber si papá respiraba, pero ya estaba muerto”, comenta con tristeza una de sus hijas mayores, Luz Sosa.

“A él (Lizarraga) lo están protegiendo todos, los medios, la policía y la política. Y sobre todo la justicia, ¿Cómo puede ser posible que él no se dejó hacerse el control de alcoholemia y quedaron con eso? Tampoco quiso declarar. Él venía tomado, eso es lo que ocultaron, simplemente porque es conocido y tiene llegada política, en cambio nosotros somos pobres y no nos conoce nadie. Mientras él estaba preso y supuestamente incomunicado como dice el protocolo, él estaba hablando por teléfono con todo el mundo y recibiendo visitas, otros presos y policías que confiaron en nosotros nos contó que él pedía comunicarse urgente con Pichón Neder, hasta que logró comunicarse y se tranquilizó con el llamado que tuvo con el Vice gobernador” comenta la viuda mientras cebaba un mate.

“Es muy injusto lo que hicieron con nosotros, nosotros lo estábamos velando a la seis de la tarde y él (el artista) ya andaba libre, la fiscal Santillan lo dejó libre en menos de 24 hs, mientras nosotros recién hoy viernes pudimos hacer la denuncia en el juzgado porque la policía no nos dejaba, nos decía que tenemos todo un año para denunciarlo. A él (artista) lo están protegiendo en todo momento. Resulta que lo mata a mi esposo pero ya está libre ¿Cómo es eso?”, agregó.

“Mañana tengo audiencia con el juez Vittar y espero que no sea en vano como todo lo que pasa aquí, nosotros trabajamos todos los días, hasta que aparece uno tomado, te mata, lo encubren y encima lo dejan en libertad” sentenció Yiyo, la viuda de Sosa, como la conocen en su barrio y la llamaba su marido.

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