Caso Marito Salto: un ritual para encubrir lo satánico

COMPARTIR

Fuente La Izquierda Diario

El crimen del niño santiagueño tuvo una resolución precipitada, cerrándose el caso en un homicidio por un ritual satánico abandonándose la hipótesis de un asesinato narco con vínculos políticos.

Lo Macabro

Mario Agustín Salto, de 11 años de edad, vivía en la ciudad de Quimilí, a 200 kilometros de la capital santiagueña. Era un niño humilde, uno más de esos santiagueñitos que juegan en la naturaleza para fabricar sonrisas de sus caritas paspadas, donde muchas veces los celulares y los videojuegos son lujos innecesarios.

El día 31 de mayo del 2016, por la siesta, partió de su domicilio con rumbo a la represa del pueblo, montando una pequeña bicicleta, cargando un balde y su caña de pescar para entretenerse. Las horas pasaron y Marito no retornó a su casa, lo que motivó a su familia a realizar la denuncia en la policía local. Ese día sería el último en que lo verían con vida.

Ante la parálisis de la policía para comenzar la búsqueda, los familiares y vecinos se organizaron para buscar a Marito. Los bomberos de Quimilí realizaron la búsqueda en la represa, y en una entrevista a un medio local un bombero dijo: “Esa misma tarde que recibimos la denuncia llegamos con el autobomba y comenzamos la búsqueda de la persona desaparecida… esa noche tuvimos un problema con el jefe de la policía porque él no se hacía responsable si llegaba a pasar algo en la represa. Tuvimos una discusión fuerte y aclaramos que íbamos a seguir buscando”. La búsqueda se extendió por 48 horas.

El 2 de junio, dos días posteriores, un trabajador rural mientras se dirigía a su trabajo encontraría el cadáver de Marito a dos kilómetros de la ciudad, al borde de la ruta provincial Nº 6, advirtiendo a la policía que “había visto dos bracitos pequeños”. Cuando se hicieron presentes en el lugar se había confirmado el horror. A dos metros de la ruta, en un basural y dentro de bolsas plásticas, encontraron su cuerpo descuartizado con signos de abuso sexual.

La autopsia del cuerpo fue mal realizada y no contó con un perito de parte de la familia, una maniobra frecuente para encubrir las pruebas. Sin embargo el informé concluyó en que el niño fue descuartizado y violado antes de su muerte. El pueblo de Quimilí fue sumergido en un profundo dolor colectivo a causa de la brutalidad de este crimen, y que durante 77 jueves posteriores realizaron marchas para exigir justicia.

Las hipótesis y las investigaciones de los jueces

El hecho macabro que terminó con la vida de Marito tenía una impronta narco. El primer juez a cargo de la causa fue Miguel Moreno quien sostuvo desde un primer momento que se trataba de un crimen ligado al narcotráfico. Diversos testigos, entre ellos niños que estaban en la represa, vieron a Rodolfo Sequeira secuestrar a Mario Salto y llevarlo hacia un auto negro de vidrios polarizados, donde dos personas más lo introdujeron.

Sequeira es reconocido en Quimilí por ser un dealer, tenía una denuncia en su contra por abuso sexual y fue el primer detenido en la causa. Cuando Moreno investigó las llamadas de su celular, encontró que se vinculaba con políticos del gobierno provincial, involucrando al hermano del senador exkirchnerista, Gerardo Zamora.

Moreno continuó hondando en la investigación y denunció en la justicia federal a Daniel Zamora y al secretario de seguridad de la provincia, Marcelo Pato, por vínculos con un narcotraficante local, presentando como pruebas más de mil llamadas telefónicas entre estos y Sequeira, antes y después del crimen. Moreno barajaba la hipótesis de que se trataba de un ajuste de cuentas ya que el tío de Marito Salto había denunciado un cargamento con cocaína.

Cuando se intentó profundizar la investigación, Miguel Moreno fue apartado de la causa por una denuncia en su contra por supuestas estafas a la administración pública de la provincia de Tucumán. Hecho que él lo calificó como “una causa armada” para sacarlo de la investigación del narcotráfico. Moreno solicitó a Bonadio ingresar al programa de protección contra testigos ya que expuso a gente poderosa del gobierno.

En su lugar fue reemplazado por la jueza Rosa Falco quien dio un giro de 180 grados a la investigación para paralizarla y ganar tiempo para instalar la hipótesis del ritual satánico. Desde que tomó el caso se perdieron pruebas, desfilaron falsos testigos y se intentó culpar a dos jóvenes pobres, los hermanos Ocaranza.

La jueza junto con la fiscal Olga Gay comenzaron a afilar la hipótesis de un homicidio por un ritual satánico para perder el foco puesto en el narcotráfico. Llegados desde la provincia de San Luis, el grupo de canes Halcón K9, resolvieron el caso para la jueza. Por medio del olfato, los perros condujeron a la policía hacia la casa de Miguel Jiménez quien fue señalado como autor intelectual del asesinato de Marito. Según el matutino Nuevo Diario, la policía encontró en el domicilio una imagen de 4 metros cuadrados de San La Muerte (sic).

Con los aportes del Antropólogo José Miceli y de la museóloga Silvia Ríos la jueza llegó a la conclusión de que el asesinato del niño se trató de un ritual satánico. Con las observaciones de estos especialistas correntinos, que no son forenses, se encarceló a Jiménez y a su familia por ser los supuestos autores del asesinato de Marito debido a que los canes señalaron el domicilio en el que además funcionaba una secta familiar.

Jiménez el demonio Balaam de Quimilí

Según las investigaciones de la jueza Falco Miguel ángel Jiménez es el principal culpable del asesinato de Marito, y fue señalado como líder de una secta satánica por ser un devoto de San La Muerte. Secta que hasta ahora no se encontró otros integrantes más que la familia del supuesto culpable.

Jiménez tiene una reputación popular en Quimilí caracterizada por ser una de las personas ligadas al gobierno provincial, que actúa con impunidad y cuyo patrimonio económico fue acrecentándose durante el gobierno de los Zamora en la provincia, y de Gelid en la intendencia. En una entrevista a una radio local, en el año 2013, alega que tiene vínculos con Gerardo Zamora y el vicegobernador Emilio Neder, quien fue parte de los servicios de inteligencia del genocida Musa Azar.

En la demonología, Balaam es un príncipe en el Infierno, quien tiene a cargo legiones de demonios. Es codicioso, al parecer como el líder de la secta satánica sin seguidores, quien demostró ser una persona allegada al poder político. Hasta el día de la fecha no se conoce si Jiménez fue o no indagado por la jueza Falco, y cuáles son sus vínculos más allá de la orientación religiosa. Y como el demonio Balaam, es probable que pueda escapar a la justicia para gozar de impunidad.

Calumnias a San La Muerte

La justicia dedujo que los principales culpables del asesinato de Mario Agustin eran adoradores de satanás por tener imágenes de San La Muerte. Sin embargo este santo pagano nada tiene que ver con el satanismo ya que su historia evoca a un monje jesuita que fue expulsado de la una misión por utilizar medicina guaraní en los enfermos de Lepra, por lo que fue encarcelado cuando su reputación como “Payé” ascendió ya que sus tratamientos eran efectivos.

Actualmente los devotos de San La Muerte, refieren de que es un santo milagroso que brindó salud y trabajo a sus fieles. Es rechazado por la iglesia católica, no solo por tener una imagen de un esqueleto encapuchado con una hoz, sino también por ser más eficaz que San Cayetano, en las plegarias de sus feligreses.

La relación de este santo pagano con el satanismo no tiene sustento religioso ni antropológico, y al parecer es una muestra del escaso conocimiento que portan los peritos especializados que arribaron a Santiago para ayudar a esclarecer el caso. Además en la mayoría de los crímenes satánicos, los autores confesaban sus hechos movilizados por delirios místicos.

Los panfletos diabólicos

El Nuevo Diario es un medio hegemónico en la provincia y tiene una línea editorial de extrema obsecuencia hacia el gobierno de los Zamora. Es un pilar del zamorismo ya que influye en la opinión pública a favor del gobierno. Durante todo el desarrollo del caso publicaron notas que, de manera implícita, intentaban desenfocar la información de la hipótesis narco. Abordó (y aborda) el asesinato de Marito con titulares sin desarrollo y con notas sensacionalistas que consolidan la hipótesis del ritual satánico.

Sus “noticias oscurantistas” no son nuevas ya que desde los últimos años existe una campaña mediática contra los que practican la religión Ubanda. Además algunos casos de femicidio son titulados como “crímenes pasionales” e intentan encontrar algún mínimo elemento que permita vincular los homicidios con ritos ubandistas.

En conjunto con el diario El Liberal, de la democracia cristiana, emprendieron una verdadera cruzada, no solo contra los que practican religiones africanas y curanderismo, sino también contra las mujeres que se organizan y la izquierda santiagueña. Estos medios cumplen un rol importante en el sostén ideológico del régimen zamorista.

Santiago, una provincia narco friendly

Sus más de 136 mil km2 con grandes descampados permiten construir pistas de aterrizaje para las avionetas narcos. Sus rutas son poco custodiadas y permiten acceder al recorrido del norte a sur, y de este a oeste del país para alcanzar las fronteras. Un territorio fértil para el narcotráfico y la trata.

Al parecer la policía provincial, los jueces y los políticos son los que sostienen los pilares del narcotráfico en Santiago. Los santiagueños reconocen de manera informal que muchos de los dealers son también punteros políticos oficialistas y la policía local son sus cómplices brindándoles zonas liberadas e impunidad, por lo cual desconfían de la justicia si los denuncian.

El caso Marito intentó desnudar la trama macabra de complicidad narco con el poder político y la policía, ya que fue denunciado Daniel Zamora (hermano del gobernador) y Marcelo Pato secretario de seguridad y ex jefe de policía. Sin embargo esta investigación no prosperó debido a que fue reemplazada por la hipótesis del ritual satánico, y que una vez que esta se solidifique en la opinión pública y se haga eco en los medios nacionales, el pedido de justicia para Marito Salto se diluya si los acusados quedan en libertad por falta de pruebas.

El Clero

El interior de Santiago del Estero se caracteriza por tener numerosas pastorales para apaciguar a los campesinos pobres que intentan revelarse ante el sistema y su posición “al lado del pueblo” garantiza un desvío reformista ante todo levantamiento popular.

El clero de Quimilí, durante sucesivas entrevistas de los medios locales, se mostraba “preocupado” por el aumento del número de jóvenes adictos en la ciudad y sostienen que el problema de las drogas son asuntos personales, omitiendo las raíces del narcotráfico en el aparato estatal.

La impunidad permanecerá inalterada mientras existan representantes de la iglesia católica que esgriman ideológicamente la responsabilidad de la violencia narco en el consumo de drogas por los jóvenes, y no en el complejo aparato de un narcoestado.

Belcebú de carne y hueso: la policía santiagueña

La policía provincial se educó en las profundidades de la hiel del genocida Musa Azar. Durante el régimen juarista adquirió mucha avidez por la sangre inocente y tiene una maquinaria de espionaje altamente aceitada y conservada desde la dictadura militar. Actualmente cuenta con un servicio de inteligencia que tiene intervenido los teléfonos de los activistas sociales y opositores políticos, patotas fascistas, bandas paramilitares que asesinan campesinos y un ejército de trolls informáticos.

Su ex jefe, Marcelo Pato, se encontró vinculado en la hipótesis narco en el asesinato del niño de Quimilí, y al parecer no se trata de una casualidad. Cuando la familia de Marito realizó la denuncia de su desaparición en la policía, tardaron en tomarla, no buscaron activamente al niño en el dia posterior, alteraron y destruyeron toda la escena de la desaparición cuando llegaron a la represa, e intentaron entorpecer la búsqueda de los bomberos.

El juez Moreno denuncio al jefe departamental Celiz quien había “extraviado” una denuncia al detenido Sequeira por abuso sexual a su sobrina. También solicitó investigar los vínculos del dealer con la policía, pero rápidamente el juez fue removido de la causa. El jefe de policía Montiel nunca aportó información a la prensa local luego de cada procedimiento que realizaba la policía.

Cuando el pueblo de Quimilí comenzó a marchar con los familiares de Marito generó mucha inquietud en la policía. Dos agentes de civil se infiltraron ilegalmente en el domicilio de los Salto para obtener “información” de la familia. Aportaron con un oftalmólogo policial (el doctor Gil no es perito forense) para la autopsia. Además impidieron que el padre del niño asesinado pueda manifestarse para exigir garantías de que el cuerpo de su hijo no sea manipulado luego de la exhumación.

La policía detuvo a dos hermanos de apellido Ocaranza, uno de 22 y 16 años de edad. Fueron trasladados a la comisaria donde les ofrecieron dinero para comprarlos como culpables, luego fueron torturados y forzados a dar falsos testimonios para utilizarlos como chivo expiatorio. Los familiares denunciaron este hecho e informaron a la justicia que los mismos se encontraban trabajando fuera de Quimilí el día en que murió Marito.

Todo indica que la policía es la principal interesada en que el caso de Marito se resuelva sin que sea investigada por sus vínculos con el narcotráfico. Por eso son los beneficiados de la hipótesis del crimen satánico, ya que de esta forma podrán continuar manteniendo el infierno en Santiago del Estero.

Satanás: el régimen político santiagueño

Luego de que las investigaciones por el asesinato de Mario Agustín Salto se encuentre paralizada durante un año y medio, tuvo una resolución precipitada debido a que Miguel Jiménez fue encontrado como principal autor intelectual del hecho.

Durante ese tiempo la familia de Marito recurrió a diversos lugares para buscar justicia, ya que no se puede confiar en las instituciones del Estado santiagueño. Pero encontró la espalda y oídos sordos en el presidente Macri y en Garavano, ministro de Justicia de la Nación.

Recorrieron los canales de televisión advirtiendo sobre el rol del Estado provincial en el encubrimiento, mencionando que la policía se esforzó desde un primer momento para entorpecer la búsqueda de la verdad en el caso, que se removió un juez y que se buscó incansablemente un chivo expiatorio.

Se puso en evidencia a los vínculos de Jiménez con el poder político, ya que él confirma su relación con Zamora y el informante de Musa Azar, Emilio Neder vicegobernador de Claudia Ledesma de Zamora. Sin embargo la justicia, al parecer, solo trata de investigar los vínculos satánicos de la familia imputada con San La Muerte y no con el gobierno.

Por otro lada no tuvo en cuenta de que la autopsia del cadáver del niño se hizo sin perito de partes y sin garantías a la familia del niño. El mismo fue encontrado de la misma forma que el de Raúl Domínguez, el trabajador de rentas que denunció sellos apócrifos con los cuales se adjudicaban propiedades los allegados al poder político del gobierno provincial, y que hasta el día de la fecha se reclama por justicia.

Al parecer satanás tiene la misma forma de operar con sus víctimas. Su impunidad es garantizada por un Estado que sumerge al pueblo santiagueño en un infierno en tiempo real. Todo indica que este “homicidio satánico” sigue siendo dudoso y que, al parecer, la única certeza que existe es la relación entre el asesino, la policía y el poder político provincial.

COMPARTIR