Publicado el 14 mayo 2012.
Para que una sociedad funcione de forma armoniosa es necesario que sus componentes se desenvuelvan correctamente para lograr un equilibrio y ser un lugar apto para la convivencia.
Uno de esos componentes es el tránsito vehicular.
En nuestra provincia, la responsable circulación de rodados en las calles santiagueñas, más el comportamiento de los peatones y la correcta señalización de las calles, es una materia pendiente y deja mucho que desear.
Obras de construcción a medio concluir, cortes de calle indiscriminados, más la mala conducta de decenas de ciudadanos, es lo que se puede observar diariamente en las calles de Santiago.
En los últimos años, la facilidad de tener “el auto propio” se ha visto en aumento debido a las variadas chances de créditos y formas de compra. Pareciera ser un fenómeno relativo: más vehículos, menos responsabilidad a la hora de conducir. La falta de respeto hacia las señales de tránsito es avergonzante: motociclistas sin el casco protector, automovilistas sin cinturón de seguridad, el uso del celular a la hora de manejar, estacionamiento sobre la senda peatonal, exceso de ocupantes en las motos, entre otras cuestiones.
Esto no va acompañado por políticas de educación vial. Muchas personas sostienen que no se tramita el carnet de conducir sólo por la complejidad que posee la adquisición el mismo. De modo que, el único patrón a seguir, en cuanto a métodos de conducir, es el de algún un “particular” que les enseñe a manejar. Esto sin contar y sin tener en cuenta, la mala conducta ante el volante. Pareciera ser que estamos en una infinita carrera por llegar a destino, no respetamos al otro y hacemos uso de la “viveza”.
El transporte público es otra cuestión. Su circulación fuera de horario también hace que se congestione el tránsito. Sin mencionar que a varios choferes les haría bien una clase de modales y cortesía. Las medidas de fuerza, como los paros de colectivos, tampoco aporta.
Tener obras en construcción por doquier tampoco ayuda a la convivencia. A priori, podría pensarse que esto nada tiene que ver con el tránsito. Pero sí. Los cortes de calle hacen que se congestione el flujo de vehículos donde antes reinaba la tranquilidad, por usarse arterias poco conocidas. Y la paciencia disminuye notablemente: bocinazos, insultos, choques. También tienen que ver, las construcciones que ocupan parte de las veredas, lo que hace que los peatones deban bajar a la calle, para seguir su camino.
Entre las obras “más conflictivas” se puede destacar, el desagüe pluvial de calle Olaechea y Pellegrini, que obliga el desvío del tránsito; la gran obra de las torres de Educación y Economía, el adoquinado de calle Perú, la refacción de la calle Madre de Ciudades, sector Autopista, entre otras.
Si uno de los objetivos de nuestra sociedad es reducir la cantidad de víctimas por accidentes de tránsito, las normas implementadas no están produciendo buenos resultados. Si las personas no toman conciencia como es necesario, esto es un indicio de que las políticas utilizadas no son eficaces.
Nuestras autoridades deberían acudir a la creatividad, si es necesario para solucionar-o al menos evolucionar un poco- en todo lo referido al caos vehicular de nuestra provincia.
En definitiva, alguien está haciendo mal las cosas…