Publicado el 12 abril 2012.

La familia realiza marchas para encontrar la verdad y la justicia.
Norberto Edgardo Llugdar falleció el pasado 17 de marzo en una celda de la División Delitos Comunes de la Policía de la Provincia.
Podía haber sido una crónica policial más, pero la movilización de la familia en busca de la verdad obliga a investigar, a escudriñar y ser inquisidor.
El occiso se desempeñaba desde hacía 18 años en el Registro de la Propiedad Inmueble y cuando estalló el escándalo de la estafa con tierras, fue detenido el 15 de febrero en la escuela del barrio Miskhy Mayu, donde también trabajaba, tras un allanamiento en su vivienda.
Allí comenzaron las supuestas irregularidades. Llugdar declaró recién el 8 de marzo, 21 días después de ser arrestado y el juez Coria Vignolo ordenó de nuevo su traslado a Delitos Comunes, en lugar de alojarlo en la Alcaidía de Tribunales o en el penal.
A pesar de los diferentes escritos presentados por el abogado defensor, poniendo en conocimiento del magistrado el desmejoramiento de la salud del hombre, como así también solicitando su revisión médica y su traslado a un sitio con mejor infraestructura, nunca se hizo lugar a estos requerimientos.
Al contrario, continuó alojado en un calabozo con cinco personas más, en condiciones infrahumanas.
¿Qué sabía Llugdar para que lo estuvieran “castigando” de esa manera?
¿Qué secreto se podría guardar con tanto recelo?
¿Acaso la Constitución Nacional no es aplicable en nuestra provincia?
El artículo 18º de la misma establece: “…Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que la autorice”.
Además, las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos, adoptadas por el Primer Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, celebrado en Ginebra en 1955, de la ONU indican que: “Las celdas o cuartos destinados al aislamiento nocturno no deberán ser ocupados más que por un solo recluso. Si por razones especiales, tales como el exceso temporal de población carcelaria, resultara indispensable que la administración penitenciaria central hiciera excepciones a esta regla, se deberá evitar que se alojen dos reclusos en cada celda o cuarto individual. Los locales destinados a los reclusos y especialmente aquellos que se destinan al alojamiento de los reclusos durante la noche deberán satisfacer las exigencias de la higiene, habida cuenta del clima, particularmente en lo que concierne al volumen de aire, superficie mínima, alumbrado, calefacción y ventilación”.
Nada de lo antes citado se cumplía con Norberto Llugdar.
Tres días antes de su muerte, Coria Vignolo le fijó una fianza real de $1.000.000 para excarcelarlo, que a toda vista es excesiva e imposible de pagar para un empleado público, ya que el imputado no tenía como conseguir tanto dinero. ¿O fue una maniobra judicial para que siguiera detenido y no hablara?
¿Qué tenía para contar? Nunca se sabrá, porque 72 horas después moría en el piso de la celda.
Rápidamente, se encargaron de avisar a los medios “oficialistas” del luctuoso hecho, aún antes que a la familia, que llegó a preguntar de la situación en el momento que arribaban las cámaras del canal de TV.
Los familiares se acercaron a este diario para contarnos la lucha que están llevando adelante con el sólo fin de saber la VERDAD sobre el fallecimiento. Ellos se preguntan, ¿si el juez sabía en forma fehaciente de algunos problemas de salud no hizo abandono de persona al dejar que siguiera durmiendo en el piso de una celda?
La sociedad no ignora, habla en voz baja, trémula, temerosa y hasta horrorizada, parecen sentir que mañana podrían venir por ellos por el solo hecho de referirse a un tema que plantea, cuando menos dudas, saben que el miedo paraliza y al parecer lo usan en su favor.
Pero hay algo que no pueden evitar borrar, (la memoria) y es seguro que nadie olvidara este tema, permanecerá latente como tantos otros y posiblemente se cobre algún día comprometiendo el equilibrio institucional, cual monstruo insaciable devorador de gobiernos cuando, se despierta el pueblo y los miedos son dominados.

Uno de los escritos presentados por el abogado defensor luego del fallecimiento de Llugdar.